Ruta por la Costa Oeste de Estados Unidos

Costa Oeste de Estados Unidos: Ruta definitiva

En esta ocasión nos adentramos en la costa oeste de Estados Unidos, un tesoro de diversidad y contrastes. En este emocionante viaje, fuimos testigos de la increíble riqueza que esta parte del país tiene para ofrecer: desde icónicas carreteras históricas hasta escenarios naturales de ensueño, cada rincón nos cautivó con su singularidad y belleza. Acompáñanos en esta travesía mientras exploramos la Ruta 66, nos maravillamos ante la majestuosidad del Gran Cañón, y nos sumergimos en los destinos emblemáticos y las experiencias inolvidables que conforman nuestro viaje por la costa oeste de Estados Unidos.

Vídeo de nuestro viaje por la Costa Oeste de Estados Unidos (Resumen)


¿Necesito visado para Estados Unidos desde España?

Sí, aunque lo que realmente se necesita es una autorización llamada ESTA y es lo primero que hay que realizar antes de viajar a EEUU, ya que sin esa autorización no podréis acceder al país.

Para preparar este viaje por la costa oeste de Estados Unidos, hemos realizado una guía completa de como solicitar la autorización de viaje ESTA y pagarla online:

Cómo solicitar la ESTA para EEUU

¿Contrato un seguro de viaje para la costa oeste de Estados Unidos?

Nosotros siempre recomendamos viajar con seguro de viaje con una buena cobertura. En EEUU la sanidad no es pública como en España. Si sufres un accidente y tienes que ir al hospital, el ingreso te saldrá muy caro si no cuentas con un seguro que cubra esas necesidades.

¿Necesito saber inglés para la costa oeste de Estados Unidos?

Sí, a no ser que vayas con un viaje organizado, necesitarás saber algo de inglés para poder comunicarte a la hora de comer, comprar y desplazarte. Es cierto que Nueva York es una ciudad muy cosmopolita y hay muchos latinos por allí, pero nosotros recomendamos un nivel mínimo que te pueda salvar de algún apuro.

¿Llevo dólares desde España para la costa oeste de Estados Unidos o cambio euros allí?

Lo mejor siempre es llevarse efectivo en dólares desde España, hay diferentes páginas web que os dan este servicio. Dependiendo de los días que se vaya a estar, hay que calcular cuánto dinero en efectivo hará falta. Por otra parte siempre podréis pagar con tarjetas de viaje como la N26 o cambiar más dinero en el transcurso del viaje.

Nosotros las veces que hemos ido a Estados Unidos hemos llevado la mitad del presupuesto en dólares ya cambiados desde España y la otra mitad del dinero la dejamos en la tarjeta.


Nuestro itinerario de viaje por la Costa Oeste de Estados Unidos


Llegada a Los Ángeles y salida hacia la Ruta 66

Todo empezó con un vuelo largo desde Madrid y con la mitad del presupuesto ya cambiado a dólares en España. Después de casi doce horas mirando por la ventanilla, el avión empezó a bajar sobre la cuadrícula infinita de Los Ángeles: kilómetros y kilómetros de casas bajas, piscinas y autopistas hasta donde alcanzaba la vista.

Llegando a Los Ángeles en avión
Llegando a Los Ángeles en avión

Nada más aterrizar recogimos el coche de alquiler, un Chevrolet Equinox blanco con matrícula de California que acabaría siendo nuestra casa durante dos semanas. Aquí el coche no es una opción, es la única forma real de hacer este viaje: las distancias entre parada y parada se miden en horas, no en kilómetros.

Nuestro coche de alquiler al amanecer
Nuestro coche de alquiler al amanecer
Matrícula de California del coche
Matrícula de California del coche

Esa primera noche dormimos en un motel de carretera de los de toda la vida, con las habitaciones dando directamente al aparcamiento y el cartel de neón encendido sobre la puerta. Al día siguiente tocaba madrugar: nos esperaba la Ruta 66.

El motel de la primera noche
El motel de la primera noche
Recorriendo la Ruta 66: De Barstow a Kingman

Nuestro emocionante viaje por la costa oeste de Estados Unidos empezó desde Barstow hasta Kingman a lo largo de la histórica Ruta 66 nos llevó a un fascinante recorrido de contrastes, presentándonos diversos paisajes y dejando grabadas memorias inolvidables en nuestra mente.

Mientras avanzábamos hacia el este, compartimos la carretera con los impresionantes trenes de carga que cruzaban y recorrían paralelamente la ruta, sirviendo como un recordatorio constante de la influencia de la industria ferroviaria en esta región.

En cada parada, nos tomamos un momento para inmortalizar nuestra travesía, deteniéndonos a menudo junto a las señales de la carretera y capturando con nuestras cámaras la esencia de este recorrido icónico.

El escudo de la Ruta 66
El escudo de la Ruta 66
Parada obligatoria en la Ruta 66
Parada obligatoria en la Ruta 66

A media mañana la carretera se convirtió en una sucesión de rectas larguísimas con el desierto a los lados, postes de teléfono y algún tren de mercancías a lo lejos. Paramos donde nos apeteció: junto a una bandera de Estados Unidos colgada de una pared, junto al escudo blanco de la Ruta 66 pintado en el asfalto, o simplemente para estirar las piernas y escuchar el silencio.

Kilómetros de recta por la Ruta 66
Kilómetros de recta por la Ruta 66
Junto a la bandera y el cartel de la Ruta 66
Junto a la bandera y el cartel de la Ruta 66

Comimos en Needles, ya en el extremo este de California, en un local con las paredes forradas de madera, carteles antiguos por todas partes y una carta a base de sándwiches y patatas: The Desert Inn. Uno de esos sitios que no salen en ninguna guía y que resumen mejor que nada el ambiente de la carretera.

The Desert Inn, en Needles
The Desert Inn, en Needles
Sándwiches y patatas para el camino
Sándwiches y patatas para el camino

Poco después cruzamos la frontera estatal y entramos en Arizona, con el cambio de hora incluido y un paisaje que se vuelve mucho más árido y montañoso a partir de ahí.

Cruzando a Arizona
Cruzando a Arizona

El tramo hasta Oatman es de los más bonitos y también de los más lentos de toda la ruta: una carretera estrecha y llena de curvas cerradas que sube y baja entre montañas peladas de roca volcánica. Se conduce despacio, pero merece la pena parar en cada mirador.

La carretera hacia Oatman
La carretera hacia Oatman
Montañas de camino a Oatman
Montañas de camino a Oatman

Nos aventuramos a explorar Oatman, un encantador rincón que parece haber sido detenido en el tiempo, capturando a la perfección el auténtico y nostálgico espíritu del oeste americano. Sus calles empedradas y edificaciones de madera despiertan imágenes vívidas de una época pasada, invitándonos a sumergirnos en la esencia misma del viejo oeste. Sin embargo, lo que verdaderamente hizo que nuestra visita fuera excepcional fue la compañía de los burros salvajes que recorren libremente las calles.

Entrada de una antigua mina
Entrada de una antigua mina
Un burro salvaje por la calle
Un burro salvaje por la calle
Los burros mandan en Oatman
Los burros mandan en Oatman

Finalmente, en Kingman, Arizona, culminamos nuestra aventura rodeados por la inconfundible atmósfera retro que define a la Ruta 66. Para culminar nuestra jornada de exploración, nos detuvimos en Mr. D’z Route 66 Diner en Kingman, donde nos deleitamos con deliciosos batidos y tortitas, un festín que añadió un toque culinario memorable a nuestra experiencia.

Mr. D'z Route 66 Diner, en Kingman
Mr. D’z Route 66 Diner, en Kingman
La camioneta clásica de Mr. D'z
La camioneta clásica de Mr. D’z

El Mr. D’z es imposible de pasar por alto: fachada rosa y turquesa, una camioneta Chevrolet de los años 50 aparcada en la puerta y mesas de picnic de colores. Dentro sirven los batidos en copa de metal, con la sobra aparte, y las tortitas ocupan el plato entero.

Batidos de vuelta a los años 50
Batidos de vuelta a los años 50
Descubriendo la inmensidad del Gran Cañón

Desde Kingman subimos hacia el norte por carreteras que atraviesan pueblos pequeños de una sola calle principal, con sus tiendas de souvenirs y sus gasolineras enormes. El paisaje va cambiando poco a poco: el desierto da paso a un bosque de pinos y, sin darte cuenta, ya estás a más de 2.000 metros de altura y hace frío.

Un pueblo de camino al Gran Cañón
Un pueblo de camino al Gran Cañón
Mapa del Visitor Center
Mapa del Visitor Center

El Gran Cañón, una maravilla natural tallada por millones de años de erosión, es un destino que deja sin aliento a los viajeros de todo el mundo. Sus imponentes acantilados y colores cambiantes a lo largo del día crean un espectáculo visual incomparable. Desde el amanecer, cuando los primeros rayos de sol pintan las paredes rocosas con tonos dorados, hasta el atardecer, cuando la luz suave transforma la vista en una paleta de colores mágica, cada momento en el Gran Cañón es un regalo para los sentidos.

El cañón desde el borde sur
El cañón desde el borde sur
Capas de roca de millones de años
Capas de roca de millones de años
La inmensidad del Gran Cañón
La inmensidad del Gran Cañón

Lo primero que sorprende es la escala: los miradores del borde sur se asoman a un vacío de más de 1.500 metros de profundidad y 16 kilómetros de ancho, y el río Colorado, el que ha excavado todo esto durante millones de años, se ve allá abajo como un hilo de agua diminuto. Los paneles del parque insisten en ello: cuesta creer que ese hilo sea el responsable de semejante grieta.

Panel sobre el río Colorado
Panel sobre el río Colorado
Asomados a uno de los miradores
Asomados a uno de los miradores

Hay autobuses que recorren la zona para facilitar el acceso a los miradores más impresionantes, donde se puede contemplar el inmenso cañón y sentirse pequeño ante la naturaleza. Mientras paseas por los senderos, es probable que te encuentres con las juguetonas ardillas del lugar, que añaden un toque de encanto y diversión al ambiente. En una de las zonas de descanso nos encontramos también con un wapití pastando tranquilamente junto al sendero, ajeno a los turistas que le hacían fotos.

Un wapití junto al sendero
Un wapití junto al sendero
Un ciervo al borde del camino
Un ciervo al borde del camino

Para movernos entre miradores usamos las lanzaderas gratuitas del parque, que recorren la Hermit Road (la ruta roja) parando en cada mirador; buena parte del año esa carretera está cerrada al tráfico particular, así que el autobús es la única forma de llegar. Lo mejor es bajarse en una parada, seguir a pie por el sendero del borde y coger el siguiente autobús más adelante.

Contemplando el cañón
Contemplando el cañón
Sentados en el borde del cañón
Sentados en el borde del cañón

En el borde crecen enebros y pinos retorcidos por el viento, agarrados a la roca en sitios imposibles, y el sendero pasa continuamente de un mirador con barandilla a un saliente abierto sin ninguna protección.

Árboles retorcidos por el viento
Árboles retorcidos por el viento

Nos quedamos hasta el atardecer, que es cuando el cañón se pone realmente interesante: las paredes cambian de color cada pocos minutos y las sombras van tapando las capas de roca de abajo arriba, hasta que todo el conjunto se apaga de golpe.

Atardecer desde el borde sur
Atardecer desde el borde sur

Nosotros nos levantamos antes del amanecer para contemplar los primeros rayos de luz iluminando el cañón. La recompensa fue un espectáculo de belleza incomparable.

Amanecer sobre el Gran Cañón
Amanecer sobre el Gran Cañón
El cielo rosa del amanecer
El cielo rosa del amanecer

A esa hora no hay casi nadie en los miradores y hace un frío considerable, pero compensa: el sol entra por el este y va encendiendo una a una las paredes del fondo hasta llegar al borde donde estás tú.

Un rato en silencio mirando el cañón
Un rato en silencio mirando el cañón

Al salir del parque por el este merece la pena desviarse hasta la Desert View Watchtower, una torre de piedra levantada en 1932 al estilo de las construcciones de los pueblos nativos, con las paredes interiores pintadas con murales hopi y una escalera de caracol que sube hasta un mirador con vistas al cañón y al desierto pintado.

Un dato curioso: el Gran Cañón es uno de los pocos lugares en el mundo donde se pueden observar rocas que tienen más de dos mil millones de años de antigüedad, un testimonio de la historia geológica de nuestro planeta.

Monument Valley y la carretera infinita de Forest Gump

Situado en la frontera sur de Utah con Arizona, Monument Valley nos recibió con su panorama de monolitos rocosos que evoca un mundo de ensueño. Sus imponentes acantilados y cambiantes paletas de color pintan una imagen digna de una postal. Uno de los sitios más emblemáticos es la carretera infinita que Forrest Gump recorrió en su famosa escena. Presenciamos el atardecer inolvidable desde el punto más alto de esta carretera, con el sol tiñendo el cielo y ocultándose detrás de los monolitos, quedará grabado en nuestra memoria.

Las Mittens de Monument Valley
Las Mittens de Monument Valley
Panorámica del valle
Panorámica del valle

La carretera que aparece en Forrest Gump es la US-163, unos kilómetros al norte del valle ya en Utah. Es una recta perfecta que baja y sube con los monolitos recortados al fondo, y se ha convertido en una parada tan famosa que hay gente esperando turno en la cuneta para hacerse la foto en mitad del asfalto.

Saltando en la carretera de Forrest Gump
Saltando en la carretera de Forrest Gump
La 163 al atardecer
La 163 al atardecer

Nos alojamos en el The View Hotel con vistas panorámicas directas al valle. El ambiente rústico y acogedor del hotel se fundía con el entorno, sumergiéndonos en la belleza natural de Monument Valley. Contemplar el amanecer desde la terraza de la habitación fue una auténtica experiencia.

Amanecer sobre el valle
Amanecer sobre el valle

Después de desayunar, recorrimos los caminos de tierra de Monument Valley con el coche y nos deteníamos en los sitios más emblemáticos para hacer fotos del paisaje.

Ante los monolitos del valle
Ante los monolitos del valle
El coche en las pistas de tierra
El coche en las pistas de tierra
Recorriendo el valle en coche
Recorriendo el valle en coche

El recorrido de tierra son unos 27 kilómetros y se hace tranquilamente en un par de horas parando en los miradores. No hace falta un todoterreno, pero sí paciencia: el firme está lleno de baches y de arena suelta, y se va a paso de peatón casi todo el rato.

Sobre un saliente del valle
Sobre un saliente del valle
Empujando una roca gigante
Empujando una roca gigante
Explorando Antelope Canyon y HorseShoe Bend

Antelope Canyon es un mundo de maravillas ocultas en desierto de Arizona. Guiados por un local de la tribu de los navajos, quedamos asombrados por las formaciones rocosas únicas que la naturaleza había esculpido en la piedra arenisca. A medida que avanzábamos, las luces y sombras creaban una atmósfera mágica, realzando la belleza de este cañón escondido.

Formas talladas en la arenisca
Formas talladas en la arenisca
La luz filtrándose en el cañón
La luz filtrándose en el cañón
Paredes onduladas de Antelope
Paredes onduladas de Antelope
Mirando hacia arriba dentro del cañón
Mirando hacia arriba dentro del cañón

El cañón está dentro de territorio navajo y solo se puede entrar con un guía de la tribu, en grupos y con hora asignada. Ellos conocen el sitio de memoria: saben en qué punto y a qué hora entra cada haz de luz, dónde apoyar el móvil y qué ajustes poner para que las fotos salgan bien. El paso es estrecho, se camina en fila y en algunos tramos hay que agacharse.

Un haz de luz entrando en el cañón
Un haz de luz entrando en el cañón
Los cuatro dentro del cañón
Los cuatro dentro del cañón

Al salir comimos en Big John’s Texas BBQ, en Page: barbacoa texana servida en bandeja de cartón, con la carne ahumada durante horas y ensalada de col para acompañar. Comida de camionero, y de la buena.

Big John's Texas BBQ, en Page
Big John’s Texas BBQ, en Page
Barbacoa texana en bandeja
Barbacoa texana en bandeja

Emocionados tras nuestra experiencia en Antelope Canyon, nos encaminamos hacia Horseshoe Bend, una maravilla geológica próxima al río Colorado. La asombrosa curvatura del río en forma de herradura y los majestuosos acantilados forjan una vista panorámica digna de ser inmortalizada en nuestros recuerdos.

Desde el aparcamiento hasta el mirador hay algo más de un kilómetro de camino de arena, sin una sola sombra y en cuesta a la vuelta. El sitio no tiene barandillas: el acantilado cae en vertical más de 300 metros hasta el río, así que hay que asomarse con cabeza.

El camino hasta Horseshoe Bend
El camino hasta Horseshoe Bend
Paisaje del desierto de Arizona
Paisaje del desierto de Arizona

La curva es tan grande que no cabe entera en el móvil: hay que tumbarse en el borde y aun así se queda corta. El agua del Colorado se ve de un verde oscuro precioso desde arriba, con alguna barca cruzando de vez en cuando para dar la escala real del sitio.

La curva del río Colorado
La curva del río Colorado
Asomados a Horseshoe Bend
Asomados a Horseshoe Bend

Se puede rodear el mirador por varios salientes distintos para verlo desde diferentes ángulos, y a última hora de la tarde la luz entra de lado y marca todavía más las capas de roca.

Al borde del acantilado
Al borde del acantilado

De camino hacia la siguiente parada, recorrimos las típicas carreteras norteamericanas con rectas infinitas. Como anécdota, llegamos a pasar por los estados de, Arizona, Utah y Nevada en una sola travesía!

El deslumbrante mundo de Las Vegas

Salimos de Page con un desayuno americano de los que quitan el hambre hasta la noche (huevos, bacon y tortitas) y pusimos rumbo a Nevada. Son unas cinco horas de carretera entre desierto y roca roja hasta que, de repente, aparecen los rascacielos de Las Vegas en mitad de la nada.

Desayuno americano antes de salir
Desayuno americano antes de salir
Primera vista del cartel de Las Vegas
Primera vista del cartel de Las Vegas

Al llegar a Las Vegas, Nevada, nuestra primera misión fue hacernos unas fotos junto al icónico cartel de bienvenida “Welcome to Fabulous Las Vegas“.

En el cartel de bienvenida
En el cartel de bienvenida
La foto obligatoria del cartel
La foto obligatoria del cartel

El cartel está en una mediana en mitad del Strip sur, con su propio aparcamiento y una cola perfectamente organizada: hay hasta voluntarios que te hacen la foto con tu móvil para que la fila avance. Desde ahí ya se ven las pirámides, las esfinges y los leones dorados de los hoteles temáticos.

Esculturas doradas del Mandalay Bay
Esculturas doradas del Mandalay Bay

Nos adentramos en el lujoso hotel The Venetian, donde nos sentimos transportados a las calles de Venecia con sus canales y góndolas. La atención a los detalles y la opulencia del lugar nos dejaron sin palabras. Paseando por el Strip también nos cruzamos con la pirámide del Luxor, los torreones del Excalibur y el perfil de rascacielos en miniatura del New York-New York.

Los canales del Venetian
Los canales del Venetian
El Strip iluminado de noche
El Strip iluminado de noche

Otro de los hoteles que hay que ver por dentro es el Caesars Palace, con sus estatuas romanas, sus fuentes y el centro comercial The Forum Shops, donde el techo está pintado como un cielo que va cambiando de la mañana a la noche para que pierdas la noción del tiempo. Es exactamente el mismo truco que usan los casinos, y funciona.

La fachada del Caesars Palace
La fachada del Caesars Palace
Estatuas del Caesars Palace
Estatuas del Caesars Palace

Subimos a lo alto de la Torre Eiffel en el Paris Las Vegas Hotel para contemplar su vista panorámica. Desde allí, el resplandor de las luces y la arquitectura única de la ciudad nos dejaron boquiabiertos. También presenciamos el famoso espectáculo de las fuentes del Bellagio desde las alturas, una danza sincronizada de agua y música que nos dejó maravillados. Dentro del propio hotel no nos perdimos el Bellagio Conservatory & Botanical Garden, el jardín botánico bajo su característica cúpula de cristal: el Bellagio cambia esta decoración unas 5 veces al año según la temporada (Año Nuevo Chino, primavera, verano, otoño y Navidad), y a nosotros nos tocó la ambientación de primavera, con esculturas de grullas, un pabellón oriental en miniatura y cerezos en flor.

El Bellagio desde la Torre Eiffel
El Bellagio desde la Torre Eiffel
El Strip desde las alturas
El Strip desde las alturas

Las fuentes del Bellagio funcionan cada media hora por la tarde y cada quince minutos por la noche, con una canción distinta en cada pase. De día se ve mejor la coreografía del agua; de noche, con los chorros iluminados y la fachada del hotel de fondo, el espectáculo es otro.

Las fuentes del Bellagio
Las fuentes del Bellagio
Las fuentes del Bellagio de noche
Las fuentes del Bellagio de noche

La réplica de la Torre Eiffel del Paris Las Vegas mide la mitad que la original y tiene el mirador a unos 140 metros. Es el mejor sitio para entender la ciudad de un vistazo: el Strip recto hacia el norte, el desierto cortando la ciudad de golpe por los cuatro lados y las fuentes justo debajo.

La Torre Eiffel del Paris Las Vegas
La Torre Eiffel del Paris Las Vegas
El Strip al anochecer
El Strip al anochecer

Para comer, en Las Vegas se acaba cayendo en el buffet. Nosotros fuimos al Wicked Spoon, en el hotel Cosmopolitan: en vez de bandejas gigantes, sirven casi todo en raciones individuales, y la barra de postres es un peligro. Se paga una cantidad fija a la entrada y ya está.

El buffet Wicked Spoon
El buffet Wicked Spoon
Postres del buffet
Postres del buffet

Sumergirnos en la experiencia de los casinos en Las Vegas era una parada obligatoria. Aunque no nos consideramos jugadores habituales, fue emocionante participar en algunos juegos y sentir el pulso de los juegos de azar. Pero tal vez una de las experiencias más inusuales y emocionantes fue disparar una pistola Glock y un fusil AK-47 en Battlefield Vegas, una galería de tiro de temática militar donde también nos subimos a un Humvee y nos fotografiamos junto a un tanque. Nos recordó la variedad de actividades que Las Vegas tiene para ofrecer, desde lo tradicional hasta lo más inesperado.

Probando suerte en las tragaperras
Probando suerte en las tragaperras
Máquinas de un casino del Strip
Máquinas de un casino del Strip

En Battlefield Vegas eliges las armas de una carta como si fuera un menú, te dan protecciones y un instructor se queda pegado a ti durante toda la tanda. Al terminar te llevas la diana de papel con tus impactos, y en el patio tienen aparcados un Humvee, un tanque y hasta un helicóptero para hacerse fotos.

La diana del campo de tiro
La diana del campo de tiro
En la galería de tiro
En la galería de tiro
Humvee y tanque en el patio
Humvee y tanque en el patio

Una noche paramos a tomar postre en el mítico Peppermill Fireside Lounge, con sus tortitas de chocolate gigantes. También nos acercamos al Downtown de Las Vegas, con el ambiente retro de Fremont Street y su famosa techumbre de luces (Viva Vision), rodeados de clásicos como el casino Four Queens.

El cartel del Peppermill
El cartel del Peppermill
El neón del Fireside Lounge
El neón del Fireside Lounge

El Peppermill lleva abierto desde 1972 y no ha cambiado nada: moqueta, neones de colores, plantas artificiales y una chimenea de fuego real en mitad de una piscina de agua. Las raciones son descomunales; unas tortitas con helado dan de sobra para dos.

Las tortitas gigantes del Peppermill
Las tortitas gigantes del Peppermill

Del Strip nos llamó la atención lo que no sale en las postales: la noria High Roller girando despacio al fondo del LINQ, los rascacielos dorados detrás de los hoteles temáticos y la Bonanza Gift Shop, que se anuncia como la tienda de souvenirs más grande del mundo y de la que es imposible salir sin alguna horterada. Nosotros nos alojamos en el Casino Royale, uno de los hoteles pequeños que resisten entre los grandes complejos.

La noria High Roller del LINQ
La noria High Roller del LINQ
La tienda de souvenirs más grande
La tienda de souvenirs más grande
Un rascacielos dorado del Strip
Un rascacielos dorado del Strip
El Casino Royale, nuestro hotel
El Casino Royale, nuestro hotel

Las Vegas, sin duda, merece su reputación como un lugar impresionante con una diversión que nunca termina.

Parque Nacional de las Secuoyas y subida al Moro Rock

De camino paramos también en un diner retro de carretera, con un llamativo arco de neón de los años 50. El Parque Nacional de las Secuoyas (Sequoia National Park), situado en California, es un tesoro natural que deja a los visitantes maravillados ante la inmensidad y la belleza de la madre naturaleza. Hogar de las secoyas gigantes, árboles que desafían la noción de lo que es posible en el reino vegetal, este parque es un destino imprescindible para quienes buscan conectar con la grandeza de la Tierra. Entre las experiencias más emocionantes se encuentra la subida al Moro Rock, una aventura que nos lleva a alturas vertiginosas y nos recompensa con vistas panorámicas espectaculares, incluso en medio de un entorno nevado.

El diner es el Peggy Sue’s 50’s Diner, en mitad del desierto de Mojave a la altura de Barstow: fachada de colores pastel, gramola, fotos de estrellas del cine por las paredes y una vitrina de tartas junto a la barra. Comimos allí antes de seguir hacia el norte.

Peggy Sue's 50's Diner
Peggy Sue’s 50’s Diner
La vitrina de tartas del diner
La vitrina de tartas del diner

Hasta la carta está ambientada: batidos, hamburguesas y desayunos servidos a cualquier hora, con los nombres sacados de canciones de los cincuenta.

La carta del diner, de los años 50
La carta del diner, de los años 50

De ahí a las secuoyas el paisaje da un vuelco completo: el desierto se acaba, aparecen colinas verdes con vacas pastando y ríos de deshielo bajando entre las rocas. Dormimos a las puertas del parque para poder entrar a primera hora.

Campos verdes camino de Sequoia
Campos verdes camino de Sequoia
Parada junto al río
Parada junto al río

Al adentrarnos en el Parque Nacional de las Secuoyas, nos encontramos en un mundo que parece sacado de un cuento de hadas. Las secoyas gigantes, algunas con miles de años de antigüedad, se alzan como guardianas de la naturaleza.

Nada más entrar se pasa por debajo de Tunnel Rock, una roca enorme encajada sobre la carretera vieja, y a partir de ahí se sube en curvas cerradas más de 1.500 metros. Nosotros fuimos a principios de abril y arriba seguía habiendo nieve: los quitanieves habían dejado paredes de casi dos metros a los lados del asfalto.

Tunnel Rock, en la entrada del parque
Tunnel Rock, en la entrada del parque
Sendero nevado entre secuoyas
Sendero nevado entre secuoyas

Con nieve el parque es más bonito, pero también más lento: muchos senderos estaban cortados, y para llegar a los árboles grandes había que caminar por pistas heladas con mucho cuidado.

Nieve acumulada en la cuneta
Nieve acumulada en la cuneta

Avanzando por los senderos, nos encontramos con El General Sherman, uno de los árboles más famosos y considerado el ser vivo más grande del planeta. Estar en presencia de algo que ha sido testigo de siglos y milenios nos hizo sobrecogernos y reflexionar sobre la inmensidad de la naturaleza.

Una secuoya gigante
Una secuoya gigante
El General Sherman
El General Sherman
Troncos de más de mil años
Troncos de más de mil años
El General Sherman de arriba abajo
El General Sherman de arriba abajo

También visitamos otra secuoya gigante, El General Grant, declarada santuario nacional en memoria de los caídos en la guerra, y nos adentramos caminando en el hueco de un enorme tronco de secuoya caída, ahuecado por el fuego a lo largo de los siglos.

Panel del General Grant
Panel del General Grant
Carretera entre muros de nieve
Carretera entre muros de nieve

El Moro Rock, una enorme formación de granito, ofrece una de las experiencias más emocionantes del parque. La subida al Moro Rock es una caminata empinada que culmina en una plataforma de observación en la cima. Durante nuestra visita, encontramos el camino cubierto de nieve, lo que añadió un toque de emoción adicional a la aventura. Cada paso era una prueba de destreza y paciencia, pero cada esfuerzo fue recompensado con vistas que quitaban el aliento. Desde lo alto, se desplegaba una vista panorámica que abarcaba desde las cimas de las montañas hasta los valles y las secoyas que se alzaban como gigantes entre la nieve.

Vistas desde el Moro Rock
Vistas desde el Moro Rock
Panel del cielo oscuro en la cima
Panel del cielo oscuro en la cima

Son unos 350 escalones tallados en la propia roca, con barandilla de hierro y el vacío justo al lado. Arriba se ve toda la Sierra Nevada californiana nevada de un extremo a otro, y los carteles avisan de que este es uno de los mejores cielos nocturnos que quedan en California.

Las escaleras talladas del Moro Rock
Las escaleras talladas del Moro Rock
En la cima del Moro Rock
En la cima del Moro Rock

Al bajar del parque cenamos en el Red Lobster de Fresno, una cadena de marisco que en España no existe y en la que se come sorprendentemente bien: una pizza de marisco y un lobster roll, el bocadillo de langosta con mayonesa que allí se toma como algo normal.

Pizza de marisco del Red Lobster
Pizza de marisco del Red Lobster
El Red Lobster de Fresno
El Red Lobster de Fresno

Esa noche dormimos en un motel de Fresno, ya fuera de la montaña, de los de habitaciones con la puerta dando al aparcamiento. Es la parada lógica al bajar de los parques: la sierra queda a la espalda y desde allí ya solo hay carretera hasta Los Ángeles.

Nuestro motel en Fresno
Nuestro motel en Fresno

A la mañana siguiente paramos en un centro comercial a las afueras de Fresno antes de coger la carretera hacia el sur. Allí, aparcado en la puerta y como si nada, un coche patrulla de la policía de Fresno: de esos que llevas viendo toda la vida en las películas y que de repente tienes delante.

Un coche de la policía de Fresno
Un coche de la policía de Fresno
California: Hollywood, Venice Beach y Universal Studios

California es un destino que emana diversidad y encanto en cada rincón, y en nuestro viaje tuvimos el privilegio de sumergirnos en algunos de sus lugares más emblemáticos. Desde los destellos de fama en Hollywood hasta la relajada belleza de Santa Mónica y Venice Beach, y el esplendor de Universal Studios.

Entrar en Los Ángeles en coche es un espectáculo en sí mismo: seis carriles por sentido, carteles verdes anunciando salidas cada pocos metros y palmeras altísimas alineadas a los lados de la autopista. Aquí el atasco es parte del paisaje.

Entrando en Los Ángeles por la autopista
Entrando en Los Ángeles por la autopista
Calles de palmeras en Los Ángeles
Calles de palmeras en Los Ángeles

Comimos en uno de esos restaurantes americanos enormes de techos altos y lámparas colgantes, con la carta llena de perritos y sándwiches, antes de subir a Hollywood.

Parada para comer en Los Ángeles
Parada para comer en Los Ángeles

Caminando por el Paseo de la Fama y el Teatro Chino TCL pudimos sentir la magia del cine. El icónico letrero de Hollywood se alzaba en lo alto de las colinas, mirando atentamente sobre la ciudad. Explorar los alrededores del Teatro Dolby, donde los Óscars se entregan cada año, y pasear por el Hollywood Boulevard nos hizo sentir como parte de la historia cinematográfica.

El letrero de Hollywood
El letrero de Hollywood
La estrella de Sandra Bullock
La estrella de Sandra Bullock
Buscando estrellas por el paseo
Buscando estrellas por el paseo
Estrellas del Paseo de la Fama
Estrellas del Paseo de la Fama

El Paseo de la Fama son más de 2.700 estrellas repartidas por quince manzanas de Hollywood Boulevard y Vine Street, y encontrar la de alguien concreto sin haberla buscado antes en el mapa es casi imposible. De noche la avenida cambia por completo: se llenan las terrazas, se encienden los neones de los teatros y aparecen los imitadores disfrazados de superhéroes.

El Teatro Chino TCL de noche
El Teatro Chino TCL de noche
Hollywood Boulevard de noche
Hollywood Boulevard de noche

El famoso muelle de Santa Mónica nos invitó a disfrutar de vistas panorámicas al océano Pacífico. Paseamos por el animado Paseo de Santa Mónica, con su mezcla de tiendas y restaurantes, y nos encantó la visita al pier y a su pequeño parque de atracciones. En el propio muelle nos hicimos una foto junto al cartel de “Route 66 – End of the Trail“, el final oficial de la histórica Ruta 66 que habíamos empezado a recorrer días atrás. Y en el Bubba Gump Shrimp Co. de Santa Mónica, con sus mesas con los famosos letreros giratorios de “Run Forrest Run” y “Stop Forrest Stop”, celebramos un cumpleaños muy especial. Luego, nos adentramos en el ambiente bohemio de Venice Beach, donde los canales serpenteantes nos recordaron la inspiración veneciana que dio nombre al lugar. La energía artística y la mezcla de culturas se palpaban en cada esquina, mientras los patinadores y los músicos callejeros daban vida a este escenario costero.

Bubba Gump, en el muelle
Bubba Gump, en el muelle
Brindis en Bubba Gump
Brindis en Bubba Gump
Gambas y mac and cheese
Gambas y mac and cheese
Celebrando un cumpleaños muy especial
Celebrando un cumpleaños muy especial

Los canales de Venice están a un par de calles del paseo marítimo y son otro mundo: agua quieta, puentecitos blancos de madera, patos y casas de diseño con el jardín dando al canal. Se recorren enteros en poco más de media hora y no hay ni rastro del bullicio de la playa.

Casas junto a los canales
Casas junto a los canales
Los canales de Venice
Los canales de Venice
Puentes de madera sobre el agua
Puentes de madera sobre el agua

El paseo de Venice Beach es justo lo contrario: tenderetes de camisetas, tatuadores, murales pintados, patinadores y música en directo cada veinte metros.

El paseo de Venice Beach
El paseo de Venice Beach
Tiendas del paseo marítimo
Tiendas del paseo marítimo

La playa de Venice y la de Santa Mónica son en realidad la misma franja de arena: kilómetros de arena clarísima con las torres de socorrista azules plantadas cada pocos metros, exactamente iguales a las de las series que veíamos de pequeños.

Torre de socorrista de Venice
Torre de socorrista de Venice
La playa de Venice Beach
La playa de Venice Beach

Detrás del paseo, las calles se llenan de palmeras altísimas y de casas bajas con porche, y todo el barrio tiene un aire tranquilo que no se espera de una playa tan famosa.

Palmeras junto al paseo
Palmeras junto al paseo

Volvimos al muelle de Santa Mónica para ver la puesta de sol, que es el momento en el que aquello se llena de gente: el sol cae justo enfrente, sobre el Pacífico, y detrás se encienden a la vez la noria y las luces del pequeño parque de atracciones.

Atardecer en Santa Mónica
Atardecer en Santa Mónica
El sol cayendo sobre el Pacífico
El sol cayendo sobre el Pacífico
La playa al ocaso
La playa al ocaso

En el muelle hay casetas de tiro, máquinas de dos dólares y puestos de comida abiertos hasta tarde; nosotros acabamos el día con una porción de tarta del tamaño de un ladrillo.

Juegos del parque de atracciones
Juegos del parque de atracciones
El muelle al anochecer
El muelle al anochecer

Al día siguiente tocaba parque de atracciones, así que madrugamos otra vez.

Vitrina de tartas para terminar el día
Vitrina de tartas para terminar el día

Un día repleto de emociones nos aguardaba en Universal Studios, donde los sets de película se volvieron reales ante nuestros ojos. Desde las emocionantes atracciones temáticas hasta los tours detrás de escena, experimentamos cómo cobraban vida algunas de nuestras películas y series favoritas, desde la taberna de Moe’s y el Kwik-E-Mart en la recreación de Springfield de Los Simpson hasta el punto culminante: el mundo de Harry Potter, donde nos sumergimos en la magia de Hogwarts para sentirnos como auténticos magos!

El globo de Universal Studios
El globo de Universal Studios
Mapa del parque
Mapa del parque
El castillo de Hogwarts
El castillo de Hogwarts

Universal no es solo atracciones: el Studio Tour recorre en trenecito los platós reales donde se sigue rodando, con decorados de calles de Nueva York, aviones estrellados y coches de película aparcados por todas partes. Y en la zona de Springfield están el bar de Moe, el Kwik-E-Mart y el Krusty Burger, donde sirven la hamburguesa envuelta en papel de Krusty el payaso.

Con el jefe Wiggum en Springfield
Con el jefe Wiggum en Springfield
La atracción de Los Simpson
La atracción de Los Simpson
Hamburguesa de Krusty Burger
Hamburguesa de Krusty Burger

Las otras dos zonas que más nos gustaron fueron la de The Walking Dead, un recorrido a pie por decorados a oscuras con actores caracterizados de caminantes, y la de Jurassic World, con su atracción de agua y sus murales de dinosaurios a tamaño real.

Bienvenidos a Springfield
Bienvenidos a Springfield
La atracción de The Walking Dead
La atracción de The Walking Dead

Con el pase de un día da tiempo a verlo todo si se empieza por lo de arriba y se va bajando, que es como está organizado el parque.

El mural de Jurassic World
El mural de Jurassic World

Al salir del parque subimos al Observatorio Griffith, en lo alto del monte Hollywood. Es gratis, tiene telescopios abiertos al público y una terraza desde la que se ve de un lado el letrero de Hollywood y del otro toda la cuadrícula de Los Ángeles encendiéndose a la vez cuando cae la noche. Fue nuestro mejor atardecer de la ciudad.

Atardecer sobre las colinas
Atardecer sobre las colinas
El Observatorio Griffith
El Observatorio Griffith
Los Ángeles al anochecer
Los Ángeles al anochecer

El último día lo dedicamos a Beverly Hills, empezando por un desayuno de tortitas en una cafetería del barrio.

Tortitas de desayuno
Tortitas de desayuno

Visitamos Beverly Hills, donde la elegancia y el lujo se mezclaban con la belleza de las calles arboladas y las mansiones imponentes. Pasear por Rodeo Drive fue una experiencia digna de una película, con sus boutiques de alta gama y su ambiente exclusivo. Mientras explorábamos, no pudimos evitar sentir que estábamos caminando por las calles de las estrellas de Hollywood.

El cartel de Beverly Hills
El cartel de Beverly Hills
Rodeo Drive
Rodeo Drive

En Rodeo Drive hasta los escaparates están montados como un plató: maletas apiladas, flores de plástico gigantes y photocalls con el nombre de la calle para que los turistas se hagan la foto.

Photocall en Rodeo Drive
Photocall en Rodeo Drive

Terminamos el viaje como se termina bien cualquier cosa: con un cupcake de la Magnolia Bakery de Beverly Hills. Al día siguiente tocaba devolver el coche en el aeropuerto y volver a casa con miles de kilómetros de carretera a la espalda.

La Magnolia Bakery
La Magnolia Bakery
Un cupcake de despedida
Un cupcake de despedida

Visitar la Costa Oeste de Estados Unidos de América fue una experiencia única repleta de contrastes con el nexo común de la cultura norteamericana. Este viaje nos permitió explorar la diversidad y la grandeza de este inmenso país, dejándonos recuerdos y perspectivas inolvidables.

Sin duda es un viaje de contrastes muy completo y recomendado para apasionados de las grandes travesías por carreteras y de paisajes increíbles por la costa oeste de Estados Unidos.

Presupuesto viaje a la Costa Oeste

Presupuesto para 3 personas con una duración de 13 días en la Costa Oeste de EEUU
Vuelos
Iberia
2330€
Málaga ▸ Madrid ▸ Los Ángeles
Los Ángeles ▸ Madrid ▸ Málaga
Hoteles
Hotel California Inn (Barstow)
120€
1 noche | Alojamiento y desayuno
Motel 6 West (Williams)
160€
1 noche | Sólo alojamiento
Yavapai Lodge East (Grand Canyon)
209€
1 noche | Sólo alojamiento
Hotel The View (Monument Valley)
200€
1 noche | Sólo alojamiento
Hotel Best Western Plus Abbey Inn (St George)
200€
1 noche | Alojamiento, desayuno y parking
Best Western Plus Casino Royale (Las Vegas)
450€
2 noches | Alojamiento y parking
Hampton Inn & Suites Bakersfield North-Airport (Bakersfield)
193€
1 noche | Alojamiento, desayuno y parking
Days Inn by Wyndham Yosemite Area (Fresno)
115€
1 noche | Alojamiento, desayuno y parking
Surestay Hotel Best Western (Santa Mónica)
950€
3 noches | Alojamiento, desayuno y parking
Seguro de viaje
NO RECOMENDAMOS ESTE SEGURO. Se perdió una maleta en el vuelo de ida. Nuestra póliza contratada incluía la búsqueda, localización y envío de equipajes extraviados pero esta compañía de seguros de viaje se desentendió completamente de nuestra incidencia. Tuvimos que gestionarlo nosotros mismos mientras viajábamos por los Estados Unidos.
Intermundial
163€
Totaltravel Mini
Transportes
Thrisfty Car Rental
442€
Chevrolet Equinox
Excursiones
Grand Canyon
30€
Precio por vehículo
Monument Valley
20€
Horseshoe Bend
12€
Antelope Canyon
168€
Battlefield Vegas
150€
2x pistolas Glock
1x fusil AK-47
Sequoia National Park
30€
Precio por vehículo
Universal Studios
295€
Parking incluido
Varios
Solicitud ESTA
38€
Visado para acceder a EEUU
Tarjeta SIM
55€
Efectivo
1570€
Comida, gasolina, recuerdos, regalos y extras
Total
Presupuesto Total
7900€

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¡Muchas gracias por leernos!