En este viaje nos dejamos llevar por el encanto de dos joyas belgas: Bruselas, vibrante y cosmopolita, y Brujas, mágica y de cuento. Entre calles adoquinadas, arquitectura medieval y el inconfundible aroma a chocolate y gofres, exploramos una mezcla perfecta de historia, arte y cultura. Acompáñanos en esta aventura por dos ciudades que nos conquistaron con su belleza y personalidad única.
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¿Contrato un seguro de viaje?
Nosotros siempre recomendamos viajar fuera de España con un seguro de viaje que incluya una buena cobertura. Hay muchas compañías, podéis elegir la que mejor os parezca pero que tenga amplias coberturas en cuanto a capital de salud y cancelación que incluya los vuelos.
¿Necesito saber inglés?
Si estás planeando una escapada a Bélgica y te preocupa el idioma, no estás solo. Muchos viajeros se preguntan si es imprescindible hablar inglés para moverse por Bruselas, Brujas, Gante o Amberes. La respuesta rápida es: no es estrictamente necesario, pero sí muy útil.
Bélgica es un país con tres lenguas oficiales: neerlandés (flamenco), francés y alemán. En Bruselas, se habla sobre todo francés, mientras que en Flandes (norte del país), predomina el neerlandés. Sin embargo, en la práctica, el inglés es la lengua común entre locales y turistas. La mayoría de belgas —especialmente en zonas turísticas, restaurantes, estaciones y hoteles— habla un buen nivel de inglés y están acostumbrados a tratar con visitantes internacionales.
Dicho esto, como españoles, no te será difícil hacerte entender. Muchas palabras suenan similares al francés o al inglés, y además, los belgas suelen ser amables y pacientes con los turistas. Incluso puede que encuentres a más de un camarero o guía que hable algo de español (especialmente en Brujas y Bruselas, donde el turismo español es frecuente).
Consejo viajero: aprende algunas frases básicas en inglés o francés, lleva una app de traducción en el móvil, y no tengas miedo a preguntar. La barrera del idioma no será un obstáculo si vas con actitud abierta y ganas de comunicarte.
En resumen: no hace falta ser bilingüe para disfrutar de Bélgica, pero saber un poco de inglés te hará el viaje más fácil y fluido. ¡No dejes que el idioma te frene!
¿Qué ropa llevo?
Cuando organizas un viaje a Bélgica, uno de los detalles más importantes es preparar bien la maleta. El clima belga puede ser algo impredecible, así que conviene ir preparado, tanto si viajas en pleno invierno como en los meses más cálidos del verano. Aquí te damos una guía rápida para no fallar con la ropa, especialmente pensada para viajeros desde España.
Invierno en Bélgica (noviembre a marzo): frío, humedad y mucho abrigo
El invierno belga es frío, húmedo y con días bastante cortos. Las temperaturas suelen estar entre 0 °C y 8 °C, pero el viento y la lluvia hacen que la sensación térmica sea más baja. Por eso, no basta con un abrigo ligero:
- Lleva un buen abrigo impermeable.
- Bufanda, gorro y guantes son imprescindibles, especialmente si vas a caminar mucho por ciudades como Brujas o Gante.
- El calzado debe ser cómodo e impermeable, ideal para adoquines mojados o algún que otro charco.
- No olvides meter ropa térmica o camisetas interiores si eres friolero.
En resumen, capa sobre capa: más vale poder quitarse una prenda que quedarse corto.
Verano en Bélgica (junio a agosto): agradable, pero con sorpresas
El verano belga es suave comparado con el calor que solemos tener en España. Las temperaturas suelen oscilar entre los 18 °C y 25 °C, aunque en días puntuales pueden superar los 30 °C. Eso sí, la lluvia puede aparecer en cualquier momento, así que:
- Lleva ropa ligera y cómoda, pero no olvides una chaqueta fina o sudadera para las noches o cambios de temperatura.
- Chubasquero o paraguas plegable, siempre en la mochila.
- Unas zapatillas cómodas para caminar son clave.
- Si viajas en agosto, mete también unas gafas de sol y algo de protección solar.
¿Dónde alojarse?
A la hora de buscar alojamiento en Bruselas, hay que tener en cuenta que los precios, como en muchas capitales europeas, tienden a ser algo elevados. Aun así, se pueden encontrar opciones cómodas y bien ubicadas sin dejarse un dineral.
Nosotros elegimos el EasyHotel Brussels City Centre, un hotel pequeño, moderno y funcional, ideal para estancias cortas. La ubicación es perfecta: a pocos minutos andando de la Grand Place y bien conectado con transporte público. Las habitaciones son básicas pero limpias, con todo lo necesario si vas a pasar el día explorando la ciudad. Si buscas algo céntrico, práctico y sin grandes lujos, es una opción muy recomendable.
Otra zona interesante para alojarse es Ixelles, un barrio con mucho encanto, lleno de cafeterías, tiendas independientes y ambiente local. Está algo más alejado del centro histórico, pero muy bien comunicado. Es ideal si buscas una experiencia más tranquila, menos turística y con un toque auténtico de vida belga.
Eso sí, reserva con antelación para encontrar el mejor precio, ya que Bruselas suele estar bastante solicitada, sobre todo en fines de semana y temporadas altas.
¿Dónde comer?
Bruselas es una ciudad que conquista por su arquitectura, su chocolate, su cerveza… y también por su gastronomía. Aunque muchas personas llegan pensando únicamente en los gofres o las patatas fritas, la cocina belga tiene mucho más que ofrecer. Si estás preparando un viaje, aquí te contamos qué platos no puedes perderte y cuáles son las mejores zonas para comer bien en la capital belga.
Los platos típicos que tienes que probar en Bruselas
Moules et frites, el plato estrella
Si hay un plato que representa a Bélgica son los moules et frites (mejillones con patatas fritas). Los mejillones se sirven en una gran cazuela y suelen cocinarse al vapor con vino blanco, mantequilla, apio, cebolla y hierbas aromáticas. El acompañamiento imprescindible son las famosas patatas fritas belgas, crujientes por fuera y muy tiernas por dentro gracias a su doble fritura.
Nosotros los probamos en un restaurante muy cerca de la Grand Place y fue todo un acierto. Los mejillones estaban muy frescos, la salsa tenía muchísimo sabor y las patatas eran espectaculares. Es uno de esos platos que hay que probar al menos una vez durante el viaje.
Carbonnade flamande
Otro clásico es la carbonnade flamande, un estofado de ternera cocinado lentamente con cerveza belga negra, cebolla y especias. Es un plato muy contundente, perfecto si visitas Bruselas durante los meses más fríos. Tradicionalmente también se acompaña de patatas fritas.
Stoemp
El stoemp es un puré de patatas mezclado con verduras como zanahoria, puerro o col, que suele servirse con salchichas o carne. Es una receta muy casera y típica de Bruselas.
Waterzooi
Aunque es originario de Gante, el waterzooi también puede encontrarse en muchos restaurantes de Bruselas. Se trata de un guiso cremoso de pollo o pescado con verduras, muy reconfortante y sabroso.
Gofres belgas
No puedes marcharte sin probar un auténtico gofre belga. Encontrarás dos variedades principales:
- Gofre de Bruselas, más ligero y rectangular.
- Gofre de Lieja, más pequeño, denso y con azúcar caramelizado en su interior.
Chocolate y cerveza
Por supuesto, cualquier visita gastronómica estaría incompleta sin entrar en alguna chocolatería artesanal y acompañar la comida con una cerveza belga. Bélgica cuenta con cientos de variedades, desde las trapenses hasta las afrutadas, por lo que siempre encontrarás alguna que se adapte a tus gustos.
Las mejores zonas donde comer en Bruselas
Grand Place y alrededores
La Grand Place es el corazón turístico de Bruselas y uno de los lugares más cómodos para comer durante una visita. Aquí abundan las brasseries tradicionales donde sirven los platos más típicos de la cocina belga.
Los precios suelen ser algo más elevados que en otras zonas, pero la ubicación y el ambiente hacen que merezca la pena, especialmente si es tu primera vez en la ciudad. Nosotros comimos aquí nuestros moules et frites y salimos encantados con la experiencia.
Rue des Bouchers
Muy cerca de la Grand Place se encuentra la Rue des Bouchers, probablemente la calle con mayor concentración de restaurantes del centro histórico.
Es una calle muy animada y turística, ideal para encontrar menús tradicionales, marisco, carne y especialidades belgas. Aunque conviene comparar precios antes de sentarse, sigue siendo una de las zonas más populares para comer.
Place Sainte-Catherine
Si te gustan el pescado y el marisco, esta es una de las mejores zonas de Bruselas. Aquí encontrarás numerosos restaurantes especializados en productos del mar y un ambiente mucho más tranquilo que en pleno centro.
Saint-Géry
El barrio de Saint-Géry ofrece una mezcla muy interesante de restaurantes internacionales, cafeterías modernas y locales frecuentados por residentes. Es una buena opción para quienes buscan un ambiente más local y menos turístico.
¿Es caro comer en Bruselas?
Bruselas no es un destino especialmente barato, pero tampoco resulta excesivamente caro si se compara con otras capitales europeas. Lo habitual es encontrar menús en restaurantes tradicionales por unos 20-30 € por persona, aunque también existen opciones más económicas como puestos de patatas fritas, bocadillos o cafeterías.
¿Cómo llegar desde el aeropuerto de Bruselas al hotel?
Llegar al centro de Bruselas desde el aeropuerto de Zaventem (el principal de la ciudad) es muy fácil, y tienes varias opciones según tu presupuesto y estilo de viaje. Nosotros elegimos el tren, y fue sin duda la forma más cómoda y rápida.
🚆 Nuestra opción: el tren
El tren sale directamente desde la estación que hay dentro del propio aeropuerto (nivel -1). En unos 20 minutos estás en el centro de Bruselas, con paradas como Brussels-Central, ideal si te alojas cerca de la Grand Place.
Los trenes pasan cada 10-15 minutos, son cómodos, puntuales y evitan el tráfico. El billete cuesta unos 10 € por trayecto, y puedes comprarlo en las máquinas automáticas o online. Para nosotros fue la opción perfecta: sin complicaciones y muy eficiente.
🚍 Otras opciones:
Autobús:
Hay varias líneas que conectan el aeropuerto con diferentes puntos de la ciudad. La más popular es el Airport Express Bus (línea 12), que llega hasta el barrio europeo y la estación de metro Schuman. Es una opción económica (unos 7 €), pero algo más lenta y menos directa si vas al centro histórico.
Taxi:
Los taxis están disponibles justo a la salida del aeropuerto. El trayecto hasta el centro dura entre 25 y 40 minutos, dependiendo del tráfico, y cuesta alrededor de 45-50 €. Es la opción más cómoda si viajas con mucho equipaje o en grupo, pero también la más cara.
Traslado privado o apps de transporte:
También puedes reservar con antelación un traslado privado o usar apps como Uber, aunque los precios son similares a los del taxi tradicional.
Consejo viajero: si no llevas mucho equipaje y quieres llegar rápido, el tren es la mejor opción. Además, te deja en pleno centro y desde ahí puedes moverte andando o en metro sin problema.
Nuestro itinerario de viaje
Día 1: Cerveza en Bruselas, mejillones y un paseo bajo la lluvia
Nada más llegar a Bruselas y dejar las maletas en el hotel, decidimos empezar con algo muy típico: una visita al famoso bar Delirium Café, conocido por tener una de las cartas de cervezas más extensas del mundo. No somos grandes aficionados a la cerveza, pero teníamos curiosidad por probar la famosa Delirium Tremens, y la verdad… ¡nos sorprendió para bien! Suave, con un sabor diferente y fácil de beber incluso para los que no solemos pedir birra.
Con el estómago empezando a pedir algo sólido, nos fuimos a dar un paseo por el centro histórico, que ya desde el primer momento nos encantó con sus calles adoquinadas, edificios elegantes y ambiente animado. Para comer, fuimos directos a uno de los clásicos de la gastronomía belga: los “moules frites”, es decir, mejillones en salsa con patatas fritas. Los sirven en una olla enorme para compartir y los hay de muchos tipos, pero nosotros elegimos los tradicionales al vino blanco. ¡Deliciosos!
Y como no podía faltar un buen final dulce, de postre nos tomamos un gofre bien cargado de chocolate caliente. Casi una bomba, pero una de esas que merece la pena.
Por la tarde, ya con el cuerpo más descansado, cogimos el metro (muy fácil de usar y bien conectado) hasta el Parque del Cincuentenario, uno de los espacios verdes más bonitos de la ciudad. Paseamos por los jardines, nos hicimos fotos frente al gran arco del triunfo, y justo cuando empezaba a llover, nos refugiamos en una terraza cercana a tomar algo tranquilamente. El ambiente era muy relajado, incluso con la lluvia de fondo.
Terminamos el día dando un paseo por los alrededores y regresamos al hotel para descansar y prepararnos para el día siguiente.
Consejo viajero: en Bruselas, el clima puede cambiar rápido, así que lleva siempre un paraguas o chubasquero en la mochila. Y aunque no seas muy cervecero, atrévete a probar alguna local: muchas son suaves y sorprendentes, ¡te puedes llevar una grata sorpresa como nosotros!
Día 2: Bruselas, historia, vistas y un dulce final en la Grand Place.
Nuestro segundo día en Bruselas empezó con buen tiempo y muchas ganas de seguir descubriendo la ciudad. La primera parada fue el Palacio Real, que aunque solo se puede visitar por dentro en verano, su fachada imponente y elegante bien merece una visita. Pasear por los jardines que lo rodean y verlo desde fuera ya te da una idea del estilo y la historia que guarda dentro.
Desde allí caminamos hasta la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, un templo gótico impresionante que se alza sobre una pequeña colina. Nos sentamos justo enfrente, y la sensación era increíble: desde ese ángulo parece que se te va a caer encima, tan vertical y poderosa es su estructura. Por dentro también es muy bonita y tranquila, pero lo que más nos impactó fue su presencia desde el exterior.
Seguimos nuestra ruta hacia uno de los rincones con más encanto de la ciudad: el Mont des Arts (Monte de las Artes). Las vistas desde lo alto son espectaculares, con los jardines perfectamente cuidados, las torres del centro histórico al fondo, y un ambiente cultural que se respira en cada rincón.
Aquí se encuentra también el famoso reloj del Mont des Arts, conocido como el Carillón del Tiempo. Lo curioso es que tiene 24 figuras móviles que representan personajes históricos de Bélgica y que acompañan las horas con una campana diferente. ¡Todo un espectáculo si pasas por allí justo cuando suena!
Muy cerca está la zona de los museos, perfecta si tienes más días para visitar el Museo Magritte o el de Bellas Artes. En nuestro caso, preferimos seguir al aire libre y bajamos al Parque du Sablon, un rincón verde más tranquilo y elegante, ideal para descansar un rato. Justo al lado se alza la preciosa Iglesia de Notre-Dame du Sablon, una joya gótica menos conocida que la catedral, pero igual de impresionante por dentro y por fuera.
Después nos dirigimos hacia uno de los iconos más famosos (y curiosos) de Bruselas: el Manneken Pis, la pequeña estatua del niño haciendo pis. Puede que sea más pequeña de lo que imaginas, pero tiene su encanto, sobre todo por las diferentes vestimentas con las que lo visten según el día o la ocasión.
Y para terminar la tarde con el mejor sabor de boca, pasamos por la chocolatería Elisabeth, una de las más recomendadas, y compramos una cajita de bombones artesanales. Nos los llevamos directamente a la Grand Place, donde nos sentamos a disfrutarlos mientras caía la tarde. La plaza, con sus fachadas doradas y su ambiente animado, es simplemente impresionante, sobre todo al atardecer.
Los bombones estaban espectaculares (especialmente el favorito de la reina, relleno de praliné), y fue la forma perfecta de cerrar un día lleno de historia, arte y rincones con alma.
Consejo viajero: lleva calzado cómodo, porque Bruselas se disfruta mucho caminando. Y si visitas la Grand Place por la tarde, quédate un rato más para verla iluminada de noche, ¡es mágica!
Día 3: Un día en Tomorrowland: música, magia y una experiencia inolvidable
Asistir a Tomorrowland era uno de esos sueños viajeros que teníamos desde hace tiempo, y aunque conseguir entradas fue todo un reto, al final lo logramos. Después de varios intentos fallidos, por fin nos tocó en el último sorteo y no lo dudamos ni un segundo. ¡Estábamos dentro!
Aquí tenéis el proceso completo para conseguir las entradas ➔ Entradas Tomorrowland
El precio de la entrada para un solo día ronda los 125-135 €, dependiendo del tipo de acceso y la fase de compra. No es barato, pero una vez estás allí, entiendes por qué: Tomorrowland es mucho más que un festival, es una auténtica ciudad de la música electrónica, con una producción visual y logística alucinante.
Nada más entrar, te recibe un mundo de fantasía: escenarios gigantescos, zonas decoradas con todo lujo de detalles, música sonando desde todos los rincones y miles de personas de todos los países bailando con una energía contagiosa. Hay más de 10 escenarios con estilos electrónicos distintos: desde techno y house hasta hardstyle, trance o EDM. Es imposible aburrirse.
Nosotros comimos en el recinto, donde hay opciones para todos los gustos, desde comida rápida hasta platos más elaborados. Todo se paga con un sistema de “perlas” que cargas en tu pulsera del festival (por ejemplo, 1 perla = 1,6 € aproximadamente). Lo bueno es que no necesitas llevar efectivo ni tarjetas encima. Comimos, bebimos, bailamos y aprovechamos cada rincón del festival.
Uno de los momentos más emocionantes fue cuando nos acercamos al Mainstage (escenario principal), que es simplemente espectacular, tanto por su tamaño como por su diseño y efectos visuales. Allí tuvimos la suerte de ver a uno de los DJs más grandes del mundo en directo: DJ Tiësto. La energía, las luces, los visuales, el público… fue un momento que no vamos a olvidar jamás.
El ambiente en Tomorrowland es muy especial: todo el mundo está allí para pasarlo bien, con buena vibra, respeto y muchas ganas de compartir la experiencia.
Consejo viajero:
- Regístrate con tiempo en la web oficial para entrar en el sorteo de entradas y ten paciencia: se agotan en minutos.
- Lleva ropa cómoda, protector solar, y algo para taparte por la noche (puede refrescar).
- Carga suficientes perlas antes de entrar, así evitas hacer cola dentro.
- Y sobre todo, deja espacio para dejarte llevar: en Tomorrowland, la música y la magia hacen el resto.
Día 4: Brujas, una ciudad sacada de un cuento.
Después de la intensidad de Tomorrowland, amanecimos cansados… pero felices. Como no queríamos desaprovechar el viaje, nos pusimos rumbo a una de las ciudades más famosas,y como pudimos comprobar, bonitas de Bélgica: Brujas.
Para llegar, cogimos el tren desde Bruselas, una opción rápida y muy cómoda. En aproximadamente una hora estás allí, disfrutando del paisaje belga por la ventana. Una vez en Brujas, utilizamos el bus local para acercarnos al centro, aunque también se puede ir caminando si te apetece empezar a empaparte del ambiente desde el primer momento.
Nada más llegar, sentimos que estábamos en un lugar especial. Brujas tiene ese aire de cuento, casi misterioso, con sus canales, calles adoquinadas y edificios medievales perfectamente conservados.
A la hora de comer, no podíamos fallar: repetimos uno de los platos estrella del viaje, los moules frites, pero esta vez con nata, una versión más suave y cremosa que también nos encantó. Y como ya se estaba convirtiendo en tradición, terminamos con otro gofre, esta vez en un sitio diferente… porque en Bélgica siempre hay hueco para algo dulce.
Después, dedicamos la tarde a pasear sin rumbo fijo, que es sin duda la mejor forma de descubrir Brujas. Caminamos junto al río y los canales que rodean el centro histórico, cruzando puentes, parándonos a hacer fotos y disfrutando de cada rincón. Hay unas barcas que recorren el canal por uno 15€ durante 30 minutos. Todo parece sacado de una postal.
Por supuesto, también pasamos por la plaza principal (Markt), rodeada de edificios coloridos y con el imponente campanario presidiendo el ambiente. Es uno de esos lugares donde te quedarías sentado simplemente observando la vida pasar.
A medida que avanzaba la tarde, la luz empezó a cambiar… y Brujas se volvió aún más mágica. Decidimos regresar hacia la estación caminando junto al agua, disfrutando de un atardecer precioso, con tonos dorados y reflejos sobre el río que hacían el momento aún más especial.
Volvimos a Bruselas con la sensación de haber vivido uno de los días más bonitos del viaje. Brujas tiene algo difícil de explicar, pero muy fácil de sentir.
Día 5: Vuelta a casa con sorpresa en el aeropuerto.
Después de desayunar, tocaba poner rumbo a casa, así que nos dirigimos al aeropuerto en tren, una vez más de forma cómoda y rápida.
Pero lo que no esperábamos en absoluto fue la sorpresa final: al llegar al aeropuerto, nos encontramos con una especie de mini fiesta ambientada en Tomorrowland, con un DJ pinchando música y bastante gente disfrutando del momento. Fue como alargar un poco más la magia del festival, una despedida inesperada pero perfecta para cerrar esta aventura.
Nos fuimos con una sonrisa, cansados pero felices, y con la sensación de haber vivido un viaje completísimo: ciudades de cuento, gastronomía increíble y una experiencia única como Tomorrowland.
Conclusión
Bélgica nos ha parecido un destino perfecto para una escapada completa: combina ciudades con encanto como Bruselas y Brujas, una gastronomía deliciosa y experiencias únicas como Tomorrowland. Es un país fácil de recorrer gracias al tren, con distancias cortas y buenas conexiones. Eso sí, conviene ir preparado para un clima cambiante y reservar con antelación, especialmente alojamiento y actividades. Un viaje variado, cómodo y muy recomendable para cualquier viajero.
¡Muchas gracias por leernos!
