Viaje a Tailandia: el Wat Arun de Bangkok con una barca de cola larga, Ayutthaya y Phi Phi

Primer viaje a Tailandia: Bangkok, Ayutthaya, Phuket y Phi Phi

Así empezó nuestro viaje a Tailandia: después de un largo vuelo con escala en Fráncfort, nuestros pies tocaron tierra en el aeropuerto de Bangkok. Además de la emoción del viaje, estábamos ansiosos por cambiar dinero en el aeropuerto y abordar el tren que nos llevaría al corazón de la ciudad. A medida que el tren avanzaba, las vistas de los bulliciosos mercados callejeros y los templos que se asomaban entre los edificios modernos nos sumergieron de inmediato en la energía de Bangkok.

Hicimos este primer viaje a Tailandia en abril de 2016.

Tras dejar las maletas en el hotel, al anochecer nos sumergimos en el caos controlado de Chinatown. Las calles estaban inundadas de luces de neón, y los aromas de la cocina callejera tailandesa se entremezclaban en el aire.

Chinatown de noche
Chinatown de noche
Comida callejera
Comida callejera

La oportunidad de probar platos auténticos en sus puestos callejeros, como el pad Thai y el mango pegajoso con arroz “Mango sticky rice”, marcó el inicio de nuestro amor por la cocina tailandesa. Muchos puestos te lo preparan también para llevar, así que puedes ir comiendo mientras paseas.

El segundo día de nuestro viaje en Tailandia coincidió con el Songkran, el Año Nuevo tailandés, que se celebra del 13 al 15 de abril, y fue un inmersivo viaje en el tiempo a través de los templos más icónicos de Bangkok. Empezamos navegando por el río Chao Phraya, con el viento en la cara y las casas sobre pilotes a ambos lados.

Navegando por el río Chao Phraya
Navegando por el río Chao Phraya
Barcos tradicionales en el río
Barcos tradicionales en el río

Nuestro primer destino fue el Gran Palacio, un complejo arquitectónico impresionante que sirvió como residencia oficial de los reyes de Tailandia durante muchos años. Caminar por sus terrenos fue como adentrarse en un mundo de cuento de hadas.

Nuestro primer viaje a Tailandia: el Gran Palacio de Bangkok
Nuestro primer viaje a Tailandia: el Gran Palacio de Bangkok

Para entrar hay que llevar hombros y piernas cubiertos, así que nos pusimos pantalón y falda larga. Cada rincón está decorado con mosaicos de cristal, pan de oro y figuras mitológicas.

Con falda larga, como exige el templo
Con falda larga, como exige el templo
Entre figuras doradas del templo
Entre figuras doradas del templo

En su interior se encuentra el Templo del Buda Esmeralda, que alberga una estatua de Buda tallada en jade. La artesanía meticulosa y los detalles intrincados de la estatua capturaron nuestra atención mientras admirábamos esta maravilla sagrada. Muy cerca hay una maqueta de Angkor Wat que mandó construir el rey Rama IV, y la base del templo está rodeada de garudas dorados. Además, por ser Songkran, la gente hacía cola para verter agua perfumada sobre las imágenes de Buda, un ritual de purificación en el que también participamos.

Maqueta de Angkor Wat
Maqueta de Angkor Wat
Bañando a Buda por Songkran
Bañando a Buda por Songkran
Garudas dorados
Garudas dorados

La siguiente parada fue el Wat Pho, un templo famoso por albergar el imponente Buda Reclinado, una estatua cubierta de pan de oro de 46 metros de largo. La serenidad del Buda Reclinado contrasta con la magnitud de su tamaño, y su imagen es un recordatorio de la importancia de la espiritualidad y la introspección en la cultura tailandesa.

El Buda Reclinado de Wat Pho
El Buda Reclinado de Wat Pho

En el recinto, decorado con banderines de colores por el Songkran, no pudimos resistirnos a tocar uno de sus gongs.

Tocando el gong en Wat Pho
Tocando el gong en Wat Pho

Para reponer fuerzas paramos a comer arroz frito y rollitos de primavera, dos clásicos que nunca fallan.

Arroz frito y rollitos de primavera
Arroz frito y rollitos de primavera

Por la tarde cruzamos el río hasta el Wat Arun, también conocido como el Templo del Amanecer. Esta estructura emblemática presenta una mezcla de influencias jemer y tailandesas en su diseño. Desde la torre central, se pueden obtener unas vistas impresionantes de los alrededores y del río Chao Phraya. Pero lo más notable eran los fragmentos de cerámica y porcelana que adornaban el templo, brillando bajo el sol y contando historias de comercio y creatividad.

La tercera jornada nos llevó a Ayutthaya, una antigua ciudad que fue la capital del Reino de Siam durante varios siglos, hasta que el ejército birmano la arrasó en 1767. Las ruinas que encontramos en este sitio histórico nos hablaban de la grandeza que una vez fue. Empezamos en Wat Yai Chai Mongkhon, con su enorme chedi de ladrillo.

En Wat Yai Chai Mongkhon, Ayutthaya
En Wat Yai Chai Mongkhon, Ayutthaya

Alrededor de la chedi, una larga hilera de budas envueltos en telas color azafrán custodia el recinto.

Buda junto a la gran chedi
Buda junto a la gran chedi
Hilera de budas con tela azafrán
Hilera de budas con tela azafrán

Seguimos por Wat Chaiwatthanaram, junto al río, con su gran torre central de estilo jemer, y después llegamos a Wat Phra Si Sanphet, el antiguo templo real, cuyas tres grandes estupas guardan los restos de reyes de Ayutthaya. Aunque el palacio que lo rodeaba fue destruido, las estupas siguen en pie y nos ofrecieron un vistazo a la arquitectura y la espiritualidad de la época.

Wat Chaiwatthanaram
Wat Chaiwatthanaram
Wat Phra Si Sanphet
Wat Phra Si Sanphet

Para terminar, en Wat Mahathat encontramos la famosa imagen de Buda enraizada en las raíces de un árbol, una imagen emblemática que ilustra la naturaleza transitoria de todas las cosas.

La cabeza de Buda entre raíces, en Wat Mahathat
La cabeza de Buda entre raíces, en Wat Mahathat

A medida que explorábamos los restos de templos y estatuas de Buda, podíamos sentir la presencia de siglos de historia que se habían desplegado en estos terrenos. Ayutthaya nos recordó la fragilidad de la gloria humana y la importancia de preservar y honrar el pasado.

De vuelta en Bangkok, vimos el atardecer desde la piscina del hotel, con los rascacielos recortados contra el sol.

Atardecer desde la piscina del hotel
Atardecer desde la piscina del hotel

Estos dos días de exploración de templos en Bangkok y Ayutthaya no solo nos brindaron una comprensión más profunda de la rica historia y espiritualidad de Tailandia, sino que también nos dejaron asombrados por la arquitectura majestuosa y los detalles artísticos que definen la identidad cultural del país.

La cuarta etapa de nuestro viaje nos llevó a la costa. Volamos a la isla de Phuket con Thai Airways y, ese mismo día, seguimos en barco hasta el paraíso natural de Phi Phi.

Rumbo a Phuket con Thai Airways
Rumbo a Phuket con Thai Airways

Al rato aparecieron en el horizonte los acantilados de roca caliza de las islas, sobre un mar de un azul intensísimo.

En barco rápido hacia Phi Phi
En barco rápido hacia Phi Phi

La isla nos recibió con su cálido abrazo y una vista impresionante del océano desde nuestro hotel, el Paradise Resort, en Long Beach, con la silueta de Phi Phi Leh justo enfrente.

Long Beach
Long Beach
Barcas de cola larga
Barcas de cola larga
Con Phi Phi Leh al fondo
Con Phi Phi Leh al fondo

Pasamos el primer día entero en esta playa, de la luz suave de la mañana a los tonos dorados de la tarde.

Mañana en Long Beach
Mañana en Long Beach
Luz dorada por la tarde
Luz dorada por la tarde

Nos permitimos un tiempo de relajación en la idílica playa de Phi Phi. Las aguas tibias acariciaban la orilla mientras disfrutábamos del sol y dejábamos que la brisa suave nos reconfortara. Tumbados en la arena, observábamos cómo las barcas de cola larga se deslizaban en el horizonte, recordándonos la conexión profunda entre la vida en la isla y el mar.

Barca de cola larga en la orilla
Barca de cola larga en la orilla
Descansando a la sombra
Descansando a la sombra

Al día siguiente la emoción se elevó cuando emprendimos una excursión en barca de cola larga que nos sumergió en las maravillas del mar de Andamán. Maya Bay, inmortalizada por la película “The Beach”, era un escondite mágico rodeado de altos acantilados de piedra caliza y aguas cristalinas. Cada rincón parecía sacado de un sueño, recordándonos la belleza intocada de la naturaleza.

Llegando a Maya Bay
Llegando a Maya Bay
Baño en Maya Bay
Baño en Maya Bay
Rodeados de acantilados
Rodeados de acantilados

En una de las paradas hicimos snorkel rodeados de peces. Y la laguna de Pileh, con sus aguas turquesas y paredes de piedra caliza que se elevaban a los cielos, nos brindó una sensación de tranquilidad y asombro. Mientras nadábamos en sus aguas, nos sentimos pequeños ante la magnitud de la naturaleza.

Snorkel entre peces
Snorkel entre peces
Nadando en la laguna de Pileh
Nadando en la laguna de Pileh

En la isla de Bambú, la paz y la serenidad reinaban. La suave arena blanca bajo nuestros pies y las aguas claras se sumaron a la sensación de estar en un paraíso tropical. De regreso, la barca fue bordeando islotes de roca caliza cubiertos de vegetación.

Aguas cristalinas y poco profundas
Aguas cristalinas y poco profundas
Islotes de roca caliza
Islotes de roca caliza

Esa tarde, de vuelta en Long Beach, el cielo se tiñó de rosa y naranja detrás de la silueta de Phi Phi Leh.

Atardecer frente a Phi Phi Leh
Atardecer frente a Phi Phi Leh
Paseo al atardecer en Long Beach
Paseo al atardecer en Long Beach

Por la noche cenamos arroz frito servido dentro de una piña y terminamos viendo uno de los espectáculos de fuego que se organizan en los bares de playa de la isla.

Arroz frito servido en piña
Arroz frito servido en piña
Espectáculo de fuego en la playa
Espectáculo de fuego en la playa

Explorar el pueblo de Phi Phi también fue una experiencia reveladora. Sus calles llenas de vida nos invitaron a sumergirnos en la cultura local. Desde las tiendas de recuerdos hasta los puestos de comida, cada rincón ofrecía una mirada auténtica a la vida cotidiana en la isla.

El último día, antes de dejar la isla, nos aventuramos a hacer snorkel con tiburones bajo la atenta guía de expertos locales. Estos majestuosos depredadores marinos nadaban a nuestro alrededor con gracia y curiosidad, creando un momento que quedará grabado en nuestra memoria. Por el camino también vimos peces de colores como este pez loro.

Un pez loro durante el snorkel
Un pez loro durante el snorkel

Regresamos a Phuket en ferry. Para el trayecto compramos un par de bebidas típicas de los 7-Eleven tailandeses: leche con mango y zumo de uva.

Bebidas del 7-Eleven para el trayecto
Bebidas del 7-Eleven para el trayecto

Nos alojamos junto a la playa de Kata, donde los paseos por la orilla nos regalaron atardeceres de ensueño. Caminar por la orilla al caer el sol fue como una despedida agridulce de las aguas tranquilas y la brisa del océano.

Atardecer en Kata
Atardecer en Kata
El atardecer en las gafas
El atardecer en las gafas
Beso al atardecer
Beso al atardecer

Al caer la noche nos detuvimos ante una casita de los espíritus, un pequeño santuario que en Tailandia se coloca junto a casas y negocios para proteger el lugar, y donde cada día se dejan ofrendas.

Ofrendas en una casita de los espíritus
Ofrendas en una casita de los espíritus

Una cena en un restaurante junto a la playa completó nuestra experiencia en Phuket. Con los pies en la arena y el sonido de las olas de fondo, saboreamos los sabores auténticos de Tailandia mientras el sol se desvanecía en el horizonte en una explosión de colores.

Nuestro último día en Phuket lo dedicamos a la relajación en la encantadora playa de Kata y en la piscina del hotel, cóctel en mano. Las aguas cálidas y cristalinas eran un reflejo del paraíso que habíamos vivido durante nuestro tiempo en Tailandia. Mientras contemplábamos el mar y disfrutábamos del sol, comentábamos la cultura vibrante y la naturaleza impresionante que ofrece Tailandia.

Vistas desde el hotel en Kata
Vistas desde el hotel en Kata
Cóctel en la piscina del hotel
Cóctel en la piscina del hotel

De regreso en Bangkok, el Hotel Amara nos brindó un refugio de lujo donde disfrutamos de una última vista panorámica de la ciudad, con el rascacielos MahaNakhon y su fachada “pixelada” justo delante de la ventana.

Vistas desde el Hotel Amara
Vistas desde el Hotel Amara

Para llegar al centro histórico probamos los barcos que recorren los canales, una forma rápida de esquivar el tráfico de la ciudad.

En barco por los canales de Bangkok
En barco por los canales de Bangkok

El Wat Saket, o la Montaña Dorada, nos ofreció una experiencia espiritual y visualmente impactante mientras ascendíamos sus escalones entre la vegetación hasta la estupa dorada de la cima.

Subida a la Montaña Dorada
Subida a la Montaña Dorada
La chedi dorada de Wat Saket
La chedi dorada de Wat Saket

Arriba, junto a las campanas que los visitantes hacen sonar, obtuvimos una vista de 360 grados de la metrópolis justo a la hora del atardecer.

Campanas en la cima
Campanas en la cima
Atardecer en la cima
Atardecer en la cima
Bangkok a nuestros pies
Bangkok a nuestros pies

En la cima hay además un pequeño santuario que guarda una reliquia de Buda.

Dentro del santuario de la cima
Dentro del santuario de la cima

Desde allí se ven los tejados de los templos vecinos y, al fondo, los rascacielos del Bangkok moderno.

Tejados de templos desde arriba
Tejados de templos desde arriba
¡Qué vistas!
¡Qué vistas!

Al bajar caminamos hasta el Monumento a la Democracia, que se ilumina al caer la noche.

Monumento a la Democracia al anochecer
Monumento a la Democracia al anochecer

La noche terminó en Khao San Road, la calle mochilera más famosa de Bangkok, entre puestos de ropa y tatuadores. Nos atrevimos con un tatuaje de henna, ¡y acabamos haciéndonos una foto con el artista!

Tatuaje de henna en Khao San
Tatuaje de henna en Khao San
Con el tatuador
Con el tatuador

Nuestros pasos por las concurridas calles de Bangkok nos sumergieron en la vida cotidiana de la ciudad. El último día fuimos de compras por la zona de MBK y Siam.

Frente al centro comercial MBK
Frente al centro comercial MBK

Y no podíamos despedirnos sin un buen helado en Swensen’s.

Helado en Swensen's
Helado en Swensen’s

Paseando por un parque de la ciudad nos llevamos una sorpresa: un enorme varano tomando el sol junto al lago. En Bangkok es habitual verlos en parques y canales.

Un varano junto al lago
Un varano junto al lago

Y para despedirnos, un último baño en la piscina infinita de la azotea del hotel, viendo cómo se encendían las luces de la ciudad.

Piscina infinita en la azotea
Piscina infinita en la azotea
Bangkok de noche desde la piscina
Bangkok de noche desde la piscina



Aquí tenéis las paradas del viaje sobre el mapa, con un color para cada etapa y la ruta en el orden en que la hicimos. Son los sitios que os contamos en el post. Pulsad en el mapa para abrirlo y tocad cualquier punto para ver qué hicimos allí.

Mapa de nuestro primer viaje a Tailandia: Bangkok, Ayutthaya, las islas Phi Phi y PhuketVer el mapa interactivo

Al pulsar se carga el mapa de Google Maps.


Llegó el momento de despedirnos de este increíble viaje. Con la mente llena de recuerdos inolvidables, dejamos Tailandia con la promesa de regresar algún día. Cada templo que exploramos, cada aventura que vivimos y cada momento que compartimos se convirtieron en parte de nosotros, formando un lazo duradero con este país lleno de belleza y profundidad. ¡Hasta la próxima aventura!


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DesdeMarbella

Juanlu y Lucía, viajeros desde 2007. Compartimos itinerarios reales, presupuestos y consejos prácticos de nuestros viajes en el blog y en nuestro canal de YouTube. Quien vive ve mucho. Quien viaja ve más.

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