Así fue nuestro viaje a Dublín en 4 días: una escapada de otoño a la capital irlandesa que empezó con una llegada nocturna bajo la lluvia y terminó queriendo quedarnos un poco más. Entre pubs con música en directo, catedrales góticas, una pinta de Guinness con vistas a toda la ciudad y calles que ya olían a Navidad en pleno noviembre, Dublín nos conquistó con su mezcla de historia, cerveza negra y gente cercana.
Resumen del viaje completo en YouTube
Curiosidades sobre Irlanda
Antes de meternos en el itinerario, unos cuantos datos curiosos sobre el país:
- A Irlanda se la conoce como la Isla Esmeralda por el intenso verde de sus paisajes, resultado de la lluvia casi constante.
- Los tres colores de su bandera tienen significado: el verde representa a la comunidad católica, el naranja a la protestante, y el blanco central simboliza la paz entre ambas.
- La fábrica de Guinness en Dublín abrió en 1759, cuando su fundador firmó un contrato de alquiler del recinto de St. James’s Gate… ¡por 9.000 años!
- Se conduce por la izquierda, como en Reino Unido, algo que sorprende nada más salir del aeropuerto.
- La festividad de Halloween tiene su origen en el Samhain, un antiguo festival celta irlandés que marcaba el fin de la cosecha.
- El inglés y el gaélico irlandés son los dos idiomas oficiales, aunque en Dublín el gaélico apenas se escucha salvo en la señalización.
Preguntas frecuentes antes de viajar a Dublín
Antes de comenzar con nuestro itinerario, hemos creado una serie de respuestas a las típicas preguntas que os estaréis planteando para organizar vuestro viaje a Dublín:
¿Necesito visado para viajar a Irlanda?
No. Irlanda no forma parte del espacio Schengen, pero al ser miembro de la Unión Europea, con el DNI o pasaporte en vigor es suficiente para los ciudadanos españoles.
¿Contratamos un seguro de viaje?
Nosotros siempre recomendamos viajar fuera de España con un seguro de viaje, aunque el destino sea europeo. Al no estar Irlanda en el sistema de sanidad pública española por la vía habitual de la tarjeta sanitaria europea de la misma forma que otros países UE, un buen seguro da tranquilidad ante cualquier imprevisto.
¿Qué moneda se usa en Dublín?
El euro, igual que en España, así que no hay que preocuparse por cambiar divisa.
¿Qué ropa hay que llevar?
Para un viaje en noviembre, capas, un buen abrigo impermeable, bufanda y gorro. El tiempo en Dublín cambia constantemente entre sol, nubes y chubascos, muchas veces en la misma mañana.
¿Cómo se mueve uno por Dublín?
El centro es muy compacto y se recorre perfectamente a pie. Para distancias más largas, Dublín cuenta con tranvía (Luas) y una amplia red de autobuses, además de los típicos autobuses turísticos panorámicos de dos pisos.
¿Qué comer en Dublín?
El Irish stew (estofado de carne con patata) y el fish and chips son las referencias obligadas, siempre acompañados de una pinta de Guinness en cualquier pub del centro.
Itinerario día a día de nuestro viaje a Dublín en 4 días
Día 1: Llegada a Dublín y primera noche en Temple Bar
Aterrizamos ya de noche en el aeropuerto de Dublín, y tras dejar las maletas en el Jurys Inn Dublin Parnell Street, salimos a caminar sin rumbo fijo por el centro, empezando por O’Connell Street, la gran avenida de la ciudad, con los edificios iluminados y el suelo todavía mojado por la lluvia.

Antes de nada tocaba cenar, y para estrenarnos no podía ser otra cosa: fish and chips y unas salchichas con aros de cebolla y puré, contundente y perfecto para entrar en calor.

Con el estómago lleno cruzamos uno de los puentes iluminados sobre el río Liffey, con la ciudad reflejada en el agua, hasta llegar a la que sería una de las postales obligadas del viaje: la fachada roja del Temple Bar, el pub más fotografiado de Dublín. Con el frío ya calando y las primeras fotos de la noche, empezamos a hacernos una idea de lo que nos esperaba: una ciudad para recorrer abrigados, pub en pub.

Día 2: Trinity College y el corazón histórico de la ciudad
El segundo día amaneció gris, con vistas a los tejados de la ciudad desde la ventana del hotel. Salimos temprano a patear el centro y, casi sin darnos cuenta, pasamos por delante del Dublin Castle y de la Christ Church Cathedral, que dejamos para verlas con calma el último día. A mediodía nos hicimos la foto de rigor con la estatua de Molly Malone, la vendedora ambulante de la canción popular que se ha convertido en uno de los símbolos de Dublín.



Justo al lado está el Trinity College, la universidad más antigua de Irlanda, con su campus de edificios georgianos y el Campanile, la torre campanario que es punto de encuentro clásico de estudiantes y turistas. Nada más salir por la puerta principal, en College Green, nos topamos de frente con la imponente fachada de columnas del antiguo Parlamento irlandés.




También entramos a visitar la Old Library y su famosa Long Room, la gran sala de estanterías de madera repletas de libros antiguos hasta el techo abovedado, con bustos de mármol jalonando el pasillo central.



Al salir, con el frío metido en el cuerpo, cayó nuestro primer Irish stew: estofado de carne con un buen montón de puré de patata. Por la tarde paseamos por las calles comerciales del centro, bajo un cielo gris y con algún chubasco entre semáforos, autobuses turísticos de dos pisos y el ir y venir de la gente, y nos refugiamos un rato en un pub de madera oscura, de los de toda la vida.



Cuando cayó la tarde, el cielo se tiñó de naranja sobre el Liffey, cerrando el día con una foto frente a una de las iglesias góticas del casco antiguo ya con las últimas luces encendidas.

Día grande de visitas, y por fin con sol. Cogimos el Luas, el tranvía de Dublín, hasta la Guinness Storehouse, la antigua fábrica convertida en museo dedicado a la cerveza negra más famosa del mundo. Tras recorrer las plantas dedicadas a su elaboración e historia, entre montañas de barriles, descubrimos una curiosidad: un cartel explica que la cebada se tuesta a 232°C, la temperatura exacta que le da a la Guinness su sabor, aroma y color tan característicos.




En la Guinness Academy aprendimos a tirar nuestra propia pinta perfecta, con certificado incluido. Y la entrada trae además una pinta que se disfruta en el Gravity Bar, el mirador circular acristalado que corona el edificio con vistas de 360 grados sobre todo Dublín. Con una vista así, hasta a quien no le gusta mucho la cerveza (como a nosotros) le sabe distinta.




Por la tarde, cambio de registro total: la visita a Kilmainham Gaol, la antigua prisión donde fueron ejecutados varios de los líderes del Alzamiento de Pascua de 1916, un lugar que impone nada más ver sus muros de piedra gris, sus celdas y la gran galería de hierro con sus pasillos enrejados. Fue toda una lección de historia irlandesa reciente.



Volvimos al centro en el Luas y, ya de noche, nos tomamos algo en un pub antes de pasar otra vez por el Temple Bar, que ya lucía su decoración navideña. Paseando por una de las calles comerciales nos llevamos una sorpresa: las luces de Navidad ya estaban encendidas a mediados de noviembre. Alucinamos con lo pronto que se adelanta la Navidad en Dublín.



Día 4: The Spire, Merrion Square, St. Stephen’s Green, catedrales y estofado irlandés
Último día, con sol y cielo azul. Empezamos en O’Connell Street, a los pies de The Spire, la gigantesca aguja de acero inoxidable de más de 120 metros que se ha convertido en uno de los iconos modernos de la ciudad. Desde abajo, mirando hacia arriba, marea.

Bajamos después hasta Merrion Square, un parque georgiano precioso en otoño, donde está la estatua de Oscar Wilde recostado sobre una roca. Por los alrededores se ven las típicas puertas georgianas de colores, una de las postales más fotografiadas de Dublín.



De ahí, a St. Stephen’s Green, el gran parque en pleno centro de Dublín, con su estanque lleno de patos y cisnes y los árboles ya vestidos de colores otoñales.


Seguimos hacia la St. Patrick’s Cathedral, la catedral nacional de Irlanda y el templo más grande del país, y entramos a visitarla por dentro: con su enorme rosetón y sus arcos góticos imponentes, es una auténtica pasada. Por fuera, sus jardines con el césped y los árboles dorados son igual de bonitos.



Después de comer nos acercamos a la Christ Church Cathedral, una de las dos catedrales medievales de Dublín, reconocible por su arco de piedra suspendido que conecta el templo con el antiguo Synod Hall, cruzando por encima de la calle. Muy cerca están los jardines y patios de piedra del Dublin Castle, con una pequeña exposición de trajes históricos.




Una merienda de crepe con té para recuperar fuerzas y, por la noche, cena en Murray’s Bar & Grill, en su Whiskey Bar de paredes decoradas con fondos de barril: estofado irlandés con puré de patata, plato de cuchara perfecto después de un día entero de frío y humedad, y una hamburguesa que fue de las mejores que hemos comido.


Conclusión
Dublín nos ha parecido un destino perfecto para una escapada corta: una ciudad compacta, fácil de recorrer a pie, con pubs con encanto en cada esquina, catedrales que cuentan siglos de historia y ese punto de melancolía gris que la hace todavía más entrañable. Si os gustan los destinos con historia, buena cerveza y mucho pub, Dublín no decepciona. Nos vamos con ganas de seguir descubriendo más rincones de Irlanda en próximos viajes. En definitiva, este viaje a Dublín en 4 días fue la escapada perfecta, y si buscáis otra ciudad europea para una escapada corta, echad un vistazo a nuestra escapada a París.
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