Ver Tánger en un día desde España es más fácil de lo que parece: cogimos el ferry en Tarifa una mañana de marzo, cruzamos el Estrecho de Gibraltar y nos plantamos en la puerta de África más cercana a casa. En poco más de una hora de navegación cambiamos por completo de continente, de idioma y de ambiente, sin apenas darnos cuenta. Os contamos cómo fue nuestra escapada a Tánger en un día, hora por hora.
Estuvimos en Tánger en marzo de 2015.
Preguntas frecuentes antes de viajar a Tánger
Antes de contaros qué ver y hacer en Tánger, hemos creado una serie de respuestas a las típicas preguntas que os estaréis planteando para organizar vuestra visita:
¿Necesito visado para entrar en Marruecos?
Como ciudadanos españoles no necesitamos visado para estancias cortas, pero sí hay que llevar el pasaporte en vigor: aunque Tánger esté a un paso de España, Marruecos no forma parte de la Unión Europea y el DNI no sirve para cruzar la frontera.
¿Contratamos un seguro de viaje?
Nosotros siempre recomendamos viajar fuera de España con un seguro de viaje que incluya una buena cobertura médica, ya que Marruecos no forma parte del sistema de la tarjeta sanitaria europea.
¿Qué moneda se usa?
El dirham marroquí (MAD). Es una moneda que no se puede comprar ni cambiar fuera de Marruecos, así que lo habitual es cambiar algo de dinero nada más llegar o pagar en euros en las zonas más turísticas, aunque el cambio no suele ser el más ventajoso.
¿Cómo se llega a Tánger desde España?
Nosotros cruzamos en el ferry rápido de la naviera FRS, que une Tarifa con Tánger en poco más de una hora de trayecto. Es la forma más cómoda de visitar la ciudad en el día, sin necesidad de pernoctar.
¿Hace falta contratar un guía para visitar la Medina?
No es obligatorio, la Medina se puede recorrer por libre, pero es un laberinto de callejones donde es fácil perderse. Nosotros nos manejamos con el mapa de la entrada y preguntando, aunque no es raro que alguien se ofrezca a acompañaros por el camino.
Curiosidades
- Tánger fue Zona Internacional entre 1923 y 1956, administrada conjuntamente por varias potencias europeas: esa mezcla de culturas explica en parte el ambiente cosmopolita que todavía conserva la ciudad.
- Es el punto de África continental más cercano a Europa: apenas unos 14 kilómetros separan la costa marroquí de la española por el punto más estrecho del Estrecho de Gibraltar.
- El Café Hafa, con sus terrazas escalonadas frente al mar, abrió en 1921 y fue lugar de encuentro habitual de escritores de la Generación Beat como Paul Bowles o William Burroughs, y más tarde de músicos como los Rolling Stones.
- La ciudad fue fundada hace más de 2.500 años, primero como colonia fenicia y después como la Tingis romana, capital de la provincia de Mauritania Tingitana.
Qué ver y hacer en Tánger
Cruzando el Estrecho en ferry
El día empezó temprano en el puerto de Tarifa, donde embarcamos en el ferry rápido de FRS. Nada más soltar amarras fuimos dejando atrás el pueblo, con el castillo de Santa Catalina asomado a las rocas, y la Isla de las Palomas con su faro blanco, el punto más al sur de la Europa continental.


Aprovechamos la travesía para salir a cubierta y hacernos fotos apoyados en la barandilla, con la estela blanca del barco abriéndose paso entre las olas, la costa española alejándose poco a poco por la popa y el sol de la mañana pegando fuerte.

Nada más desembarcar en el puerto de Tánger, la ciudad se nos presentó de golpe: la Medina y la Kasbah trepando por la colina con sus casas blancas apretadas unas contra otras, y un minarete asomando por encima de las murallas.

Parada para desayunar
Lo primero, a media mañana, fue buscar un café del centro para reponer fuerzas antes de empezar a caminar, con un té a la menta bien cargado, un zumo de naranja recién exprimido y un pan msemen, típico del desayuno marroquí. Un desayuno sencillo, pero de los que se recuerdan.

La Terraza de los Perezosos y sus cañones
Uno de los momentos que más nos gustó del día fue la visita a la Terraza de los Perezosos, un mirador en pleno centro con varios cañones antiguos de bronce montados sobre sus cureñas, apuntando hacia el mar entre palmeras. Desde allí se ve todo el puerto de Tánger, con los ferris atracados y el Estrecho al fondo. No pudimos resistirnos a hacernos alguna foto sentados encima de uno de los cañones.



El Gran Zoco
De ahí seguimos hasta el Gran Zoco, la gran plaza que hace de bisagra entre la ciudad nueva y la Medina, con su torre del reloj, sus arcos y, al fondo, el minarete de azulejos de colores de la mezquita de Sidi Bou Abib. Es un sitio de mucho trasiego, con puestos, cafés y gente yendo y viniendo a todas horas.

La Medina y Bab Fahs
Desde el Gran Zoco nos metimos en la Medina y nos perdimos, literalmente, por sus callejones estrechos y empedrados. Entre fachadas encaladas van apareciendo rincones como esta puerta verde enmarcada en azulejos, de las que te hacen pararte a cada paso.

La puerta más conocida es Bab Fahs, un gran arco de herradura encalado de blanco que comunica el Gran Zoco con la ciudad vieja, con un plano de la Medina colgado junto a la entrada. Alrededor, bicicletas apoyadas en las paredes, cubos de pintura y cal, y vecinos vestidos con chilaba pasando de un lado a otro. Es una zona con mucha vida propia, bien distinta de las postales al uso.

Café Hafa, la terraza frente al Estrecho
Ya por la tarde, con las piernas cansadas de tanto caminar, llegamos al Café Hafa, con sus terrazas escalonadas de blanco y azul cayendo hacia el acantilado, justo encima del mar. Aquí lo que toca es pedir un té a la menta y sentarse sin prisa.

Nos quedamos un buen rato en uno de sus bancos de azulejos, con la playa y la costa curvándose hacia el puerto y la línea de la costa española difuminándose al fondo, casi al alcance de la vista. Es uno de esos sitios donde apetece quedarse sin hacer nada, viendo pasar los barcos por el Estrecho.



Vuelta al atardecer
Con la luz de la tarde cayendo sobre los tejados de la Medina, bajamos otra vez al puerto, donde nos esperaba el ferry de FRS para volver a España. Y el día todavía nos guardaba un último regalo: la puesta de sol sobre el Estrecho desde la cubierta del barco, con el sol hundiéndose en el mar mientras Tánger se quedaba atrás.



Resumen del viaje a Tánger
Tánger en un día nos dejó la sensación de haber hecho un viaje mucho más largo del que en realidad fue: en una sola mañana de ferry pasamos de España a un mundo completamente distinto, con la Medina, los cañones de la Terraza de los Perezosos, el té en el Café Hafa y la puesta de sol desde el ferry de vuelta como protagonistas de un día que se nos hizo cortísimo. Si os gusta Marruecos, también os puede interesar nuestra ruta por el desierto y Marrakech, para quienes busquen algo más de tiempo por el país.
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