Los templos de Angkor nos recibieron desde el instante en que aterrizamos en Siem Reap, y sabíamos que estábamos a punto de vivir algo grande. Seis días enteros dedicados a este complejo, el más grande del mundo, y aun así nos fuimos con la sensación de que se podría volver y seguir descubriendo rincones nuevos durante otra semana más. Templos devorados por la selva, amaneceres reflejados en el agua, aldeas flotantes y noches de danza Apsara: Camboya nos conquistó por completo, y en este post os contamos cómo.
Visitamos los templos de Angkor entre noviembre y diciembre de 2024.
Curiosidades de Camboya
- La bandera de Camboya es la única bandera nacional del mundo que representa un edificio: las tres torres de Angkor Wat, dibujadas en el centro sobre fondo rojo y azul.
- Angkor Wat no es solo el templo más famoso del país: es el monumento religioso más grande del mundo por extensión.
- El idioma oficial es el jemer (khmer), con alfabeto propio, una de las escrituras más antiguas todavía en uso del sudeste asiático.
- Aunque la moneda oficial es el riel camboyano, el dólar estadounidense circula como si fuera moneda local desde los años 90, y en Siem Reap la mayoría de precios turísticos están directamente en dólares.
- El budismo theravada es la religión de estado y la practica alrededor del 95% de la población; los monjes con túnica naranja son una estampa habitual en cualquier calle.
- Siem Reap significa literalmente “Siam derrotado” en jemer, en referencia a una antigua victoria camboyana sobre el reino vecino de Siam, la actual Tailandia.
- Camboya circula por la derecha, al contrario que Tailandia — conviene recordarlo hasta para cruzar la calle.
Antes de nada, algunas preguntas típicas
Antes de comenzar con nuestro itinerario, hemos creado una serie de respuestas a las típicas preguntas que surgen al preparar una visita a los templos de Angkor y al resto de Camboya.
¿Necesito visado para Camboya?
Sí, y se tramita online con el sistema Cambodia e-Arrival: subes tu foto de pasaporte, pagas la tasa, y te llega un documento con código QR y tu fecha de llegada. Se enseña en el control de fronteras junto con el pasaporte físico. Todo el trámite se hace desde casa, sin colas ni papeleo a la llegada.
¿Contratamos seguro de viaje?
Nosotros siempre recomendamos viajar fuera de España con un seguro de buena cobertura. Con la cantidad de horas que se pasan en tuk-tuk, subiendo escaleras de templo desgastadas por siglos de uso, y con la sanidad privada como única opción rápida ante un imprevisto, aquí es indispensable.
¿Se paga en dólares o en riel?
En Siem Reap el dólar americano se usa de forma generalizada. Casi todos los precios de bares, restaurantes y entradas de la zona turística están directamente en USD, y el riel aparece solo como cambio de los importes pequeños.
¿Cuántos días hacen falta para ver los templos de Angkor bien?
A los templos de Angkor nosotros le dedicamos seis días completos y no nos sobró tiempo. Con prisa, un pase de 3 días cubre lo esencial (Angkor Wat, Bayon, Ta Prohm). Si además queréis Banteay Srei, la aldea flotante del Tonle Sap y algo de campo camboyano, contad con más días de los que pensáis en un primer momento.
La tarifa oficial del pase de Angkor es de 37 $ (1 día), 62 $ (3 días) y 72 $ (7 días), y se compra en la taquilla oficial de Angkor Enterprise con foto incluida en el momento.
¿Qué ropa llevo para entrar en los templos?
Hombros y rodillas cubiertos en las zonas de templo activo, algo que se exige con más rigor del que parece. El pantalón tipo elefante, que se compra por todas partes en Siem Reap por un par de dólares, acabó siendo la prenda estrella del viaje: fresco, cómodo y perfecto para las fotos.
¿Cómo se mueve uno entre templos?
Un tuk-tuk contratado por días es, con diferencia, la forma más cómoda: los conductores conocen los circuitos “pequeño” y “grande” de Angkor, saben en qué orden visitarlos según la hora del día, y esperan pacientemente en cada parada mientras exploras.
¿Se necesitan vacunas para viajar a Camboya?
Es recomendable consultar con un centro de vacunación internacional con suficiente antelación, ya que las recomendaciones cambian según la zona concreta y la época del año.
Nuestro itinerario por los templos de Angkor y el resto de Camboya
Día 1: Aterrizaje y primer contacto con Siem Reap
Llegamos a Siem Reap, la puerta de entrada a los templos de Angkor, con el cuerpo todavía acusando las horas de avión, pero con esa mezcla de cansancio y euforia que solo se siente al pisar por primera vez un país nuevo.
Tras enseñar el QR del Cambodia e-Arrival, pusimos rumbo a nuestro hotel, el Golden Temple Villa, de decoración tradicional khmer, y al abrir la puerta se nos escapó una sonrisa: habíamos acertado de pleno. Fotografías en sepia de bailarinas y escenas de época enmarcadas en las paredes, incienso ardiendo en tinajas de piedra junto a la entrada, y suelos de baldosa hidráulica que crujían suavemente bajo los pies. Camboya ya olía a Camboya, y nosotros no podíamos dejar de mirarlo todo.


Día 2: Primer paseo por Siem Reap y noche en Pub Street
Para movernos por la ciudad usamos la app de Grab (el “Uber” del sudeste asiático) — rápido, barato y sin sorpresas en el precio. Dedicamos el día a tomar contacto con la ciudad antes de lanzarnos a los circuitos largos de templos: un paseo junto al río, una pagoda budista de portada roja y tejados naranjas en pleno centro, y las casitas de espíritus que aparecen en cualquier esquina, siempre con sus ofrendas y su incienso recién encendido.



Por la noche descubrimos la otra cara de Siem Reap: Pub Street, con sus puestos, bares y neones iluminando el centro de un extremo a otro. Un cartel de happy hour anunciaba cerveza de barril a 0,50 $ y cócteles —mojito, gin tonic, margarita— entre 1 y 2 $. Salir de noche en Camboya es, probablemente, de lo más asequible de todo el sudeste asiático, y la energía de la calle es contagiosa. Cenamos en el Khmer Taste, a un paso de allí: rollitos, pollo con piña servido dentro de la propia piña y arroz frito, todo por siete dólares y medio. Y para rematar el día, un masaje de pies a última hora, con las piernas ya pidiendo tregua.




Comimos en un restaurante con una presentación tan cuidada que la guarnición, tallada en forma de cono sobre hoja de banana, parecía demasiado bonita para estropearla comiendo. La acompañaban dos bebidas igual de vistosas: una servida en una sandía tallada en forma de copa, y un cóctel de frutas tropicales rematado con una flor.



Día 3: Ruinas entre la selva y la aldea flotante del Tonle Sap
La mañana nos llevó a ruinas devoradas por la vegetación: bloques de piedra derrumbados por el paso de los siglos, con frontones tallados asomando entre las raíces, como si la selva se negara a soltar lo que un día construyó el hombre. Caminando entre esos muros caídos, en silencio, es imposible no sentirse pequeño.




A mediodía cambiamos la piedra por el agua con una excursión a una aldea flotante del lago Tonle Sap, uno de los más grandes del sudeste asiático: casas de madera sostenidas sobre pilotes varios metros por encima del agua, calles de tierra que en época de crecida se convierten en canales, y el lago abierto extendiéndose hasta el horizonte justo detrás de las últimas viviendas.
En la orilla vimos también cómo secan el pescado al sol sobre rejillas de madera, una escena tan cotidiana para ellos como fascinante para nosotros, y algún carro tirado por una vaca blanca cruzando el camino de tierra. Fue toda una lección de humildad y de cómo se vive al ritmo del agua — de esas experiencias que te recolocan las prioridades.



Cerramos el día en un templo-pirámide escalonado, con el sol ya cayendo suave sobre las torres. Y todavía nos quedaba el final: el sol bajando sobre la llanura inundada, el agua encendiéndose de naranja y nosotros sin ganas de que acabara el día.



Día 4: El gran día de Angkor
El día más intenso de nuestra visita a los templos de Angkor, y probablemente uno de los que nunca olvidaremos. Despertador de madrugada, nervios de estreno, y a oscuras hasta el foso de Angkor Wat para pillar sitio. Primero el cielo completamente negro, con la silueta de las cinco torres recortada contra la noche; después, poco a poco, el naranja y el rosa asomando por detrás de los templos, reflejados en el agua quieta como un segundo cielo bocarriba.


Cuando el sol terminó de salir nos miramos sin decir nada: no hacía falta. Madrugar nunca dolió tan poco.


Con el día en marcha nos desplazamos hasta Banteay Srei, el “templo rosa”, famoso por tener la talla más fina y delicada de todo Angkor: dinteles y frontones cubiertos de figuras diminutas que parecen trabajadas en madera fina en lugar de piedra arenisca.


De camino hicimos una parada rural donde nos enseñaron todo el proceso del azúcar de palma tradicional: la subida a la palmera con una escalera de bambú atada al tronco para recolectar la savia, y después la savia hirviendo a fuego lento en un enorme wok de hierro sobre una hoguera improvisada, removida sin parar hasta espesar. Juanlu, cómo no, se animó a subir unos metros de palmera para probarlo en primera persona.

Ya de vuelta en el recinto principal paramos en Pre Rup, un templo-montaña de ladrillo y laterita que se pone precioso con el sol de mediodía, y después East Mebon nos recibió con sus elefantes de piedra a tamaño casi real en las esquinas de cada nivel, y Preah Khan nos abrió sus puertas flanqueadas por leones guardianes con sombrillas ceremoniales amarillas protegiéndolos del sol, y pasillos en penumbra que parecen no acabar nunca por mucho que avances.



Entre uno y otro nos detuvimos en Ta Som, cuya puerta trasera está literalmente abrazada por las raíces de un árbol que crece encima, y en Neak Pean, un santuario diminuto plantado en medio de un estanque al que se llega por una pasarela de madera.


Cruzando uno de los estanques del recinto por una pasarela de madera, entre nenúfares, nos topamos de frente con un pequeño mono que cruzaba tranquilamente el camino — de esos encuentros que no salen en ninguna guía.



Día 5: Mercado, spa y espectáculo de Apsaras
El día empezó con una sonrisa literal: en el desayuno nos dibujaron un “Good Morning” con kétchup sobre el plato, junto a una tortilla recién hecha y una bandeja de fruta tropical con batido verde. Son esos pequeños detalles los que te ganan el corazón.
Por la mañana visitamos un mercado local, donde acabamos posando para una foto con una vendedora camboyana encantadora — la amabilidad de la gente en Camboya no es un tópico, es real y desarma. Compramos snacks y productos típicos en una tienda de la zona, y por la tarde nos regalamos un masaje tradicional en un pequeño spa de suelo ajedrezado y decoración de mariposas: el remedio perfecto para unas piernas destrozadas de tanta escalera de templo.



Y por la noche, cena con espectáculo de danza Apsara: bailarinas con trajes dorados y tocados ornamentados, moviendo manos y dedos con esa elegancia extrema heredada directamente de los relieves que decoran los propios templos de Angkor, acompañadas en directo por músicos con instrumentos tradicionales khmer. La historia tallada en piedra, bailando delante de nosotros. Se nos pasó la cena mirándolas embobados.


Día 6: Último repaso a los templos de Angkor más clásicos
Último día en Siem Reap, dedicado a los imprescindibles que faltaban, y con ese nudo en el estómago de saber que tocaba despedirse. Ta Prohm, con sus raíces gigantes de higuera estranguladora engullendo literalmente muros y techos, exactamente como en las escenas de Tomb Raider que aquí se rodaron: cada rincón parecía sacado de otra época, y nos costó horrores dejar de hacer fotos.



Subimos también las escaleras imposibles de Ta Keo, una pirámide de piedra sin apenas decoración, y cruzamos una de las puertas de Angkor Thom, con sus caras gigantes de piedra mirando hacia los cuatro puntos cardinales. Ya dentro del recinto amurallado, las terrazas guardan metros y metros de relieves tallados y alguna estatua protegida del sol con una sombrilla ceremonial.





Bayon, con sus más de doscientas caras sonrientes talladas en piedra mirando en todas direcciones — gires hacia donde gires, siempre hay un rostro gigante observándote, y la sensación es tan hipnótica como difícil de explicar.



Y un último paseo por la gran calzada flanqueada de palmeras y las galerías de bajorrelieves de Angkor Wat, despidiéndonos en silencio del lugar que nos había robado el corazón durante seis días. Entre templo y templo, un batido de pistacho comprado desde el propio tuk-tuk: el último capricho antes de decir adiós a Angkor.


En la Terraza del Rey Leproso los muros están cubiertos de relieves de guerreros y figuras arrodilladas que parecen salir de la propia piedra, y arriba, a la sombra de una sombrilla amarilla y rodeada de flores, descansa la estatua sentada que le da nombre. En Bayon nos perdimos también por sus galerías de columnas, con las torres de caras asomando por encima de los tejados de piedra.



Terminamos donde todo había empezado: frente a Angkor Wat, con las torres encendidas de dorado y reflejadas en el agua del foso, sin ninguna gana de movernos. Seis días después de aquel primer amanecer, no se nos ocurre mejor forma de despedirnos de Angkor.
Mapa de nuestra ruta
Aquí tenéis las paradas del viaje sobre el mapa, con un color para cada día. Las ubicaciones salen del GPS de nuestras propias fotos. Pulsad en el mapa para abrirlo y tocad cualquier punto para ver qué hicimos allí.
Ver el mapa interactivoAl pulsar se carga el mapa de Google Maps.
Conclusión
Los templos de Angkor no son un templo único: son decenas, y cada uno con una personalidad completamente distinta. Visitar los templos de Angkor a fondo significa esto: la escala imposible de Angkor Wat, las caras que te siguen allá donde mires en Bayon, la selva ganándole terreno a la piedra en Ta Prohm, la delicadeza casi increíble de Banteay Srei.
Y alrededor de los templos, Camboya nos regaló todavía más: una aldea flotante sobre un lago inmenso, una lección improvisada de azúcar de palma, un masaje al final de un día largo y una noche de danza Apsara que unió la historia tallada en piedra con la cultura que sigue viva hoy.
Cada templo que exploramos y cada momento que compartimos se convirtieron en parte de nosotros. Nos fuimos de los templos de Angkor con la promesa de regresar algún día, la mejor señal de que un lugar merece la pena de verdad. Si queréis planificar la visita con más detalle, toda la información de horarios y entradas está en la web oficial de Angkor Enterprise.
Nuestra siguiente parada: las islas de Koh Mook y Koh Ngai y el bullicio de Bangkok, en el sur de Tailandia que casi nadie nombra. ¿Nos acompañas?
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