Koh Mook y Koh Ngai: barca de cola larga en una playa del sur de Tailandia

Koh Mook y Koh Ngai: 12 días memorables en el sur de Tailandia y Bangkok

De Camboya cruzamos a Tailandia, pero no a la Tailandia de Phuket y Koh Phi Phi a reventar de turistas. Elegimos el sur profundo, la provincia de Trang, con dos islas que apenas suenan en las guías: Koh Mook y Koh Ngai. Doce días de cierre de viaje entre playas casi vacías, una cueva que esconde una playa secreta, y el subidón final de Bangkok, la ciudad que no se parece a nada de lo anterior. Si buscáis esa Tailandia en la que el tiempo parece detenerse entre cocoteros y puestas de sol frente al mar, seguid leyendo.

Hicimos este viaje a Koh Mook y Koh Ngai entre noviembre y diciembre de 2024.




  • Tailandia es el único país del sudeste asiático que nunca fue colonizado por una potencia europea, y ese orgullo se nota en su identidad cultural.
  • Su nombre oficial es Reino de Tailandia, y la propia palabra significa, aproximadamente, “tierra de los libres”.
  • La familia real goza de una protección legal muy estricta (las conocidas leyes de lesa majestad), así que conviene ser especialmente respetuoso con cualquier imagen o mención del rey.
  • Se conduce por la izquierda, al contrario que en Camboya — fácil de olvidar nada más cruzar de un país al otro.
  • La moneda es el baht tailandés, y el país es célebre por su red de aerolíneas de bajo coste que conectan hasta el rincón más remoto por precios muy ajustados.
  • Se la conoce como la “tierra de las sonrisas”, un apodo que, viajando por el país, se entiende enseguida.
  • El elefante es el animal nacional por excelencia, presente en la cultura, la religión y hasta en banderas históricas.
  • Solo en el área metropolitana de Bangkok hay varios cientos de templos budistas (wat) activos, muchos escondidos entre bloques de oficinas y centros comerciales.



Antes de comenzar con nuestro itinerario, hemos creado una serie de respuestas a las típicas preguntas que surgen al preparar esta ruta por el sur de Tailandia.

Los ciudadanos españoles pueden entrar sin visado para estancias turísticas cortas, sellando el pasaporte directamente en el control de fronteras, tanto por aeropuerto como por paso terrestre desde Camboya.

Nosotros siempre recomendamos viajar fuera de España con un seguro de buena cobertura. Entre trayectos en barco entre islas, vuelos domésticos y jornadas enteras de snorkel, aquí es una tranquilidad que no tiene precio.

No hay aeropuerto en ninguna de las dos islas: se llega en barco desde el continente (zona de Trang) o combinando barco entre islas. Para salir de la zona hacia Bangkok, lo hicimos en un vuelo doméstico con Nok Air, la aerolínea tailandesa de la cola amarilla con el pico de pájaro pintado en el morro del avión.

Sí, e imprescindible: en Koh Mook y Koh Ngai apenas hay cajeros y muchos negocios solo aceptan baht en efectivo, así que conviene salir del continente con suficiente dinero encima.

Sobre todo pescado y marisco a la parrilla recién sacado del mar. Vimos pizarras de restaurante ofreciendo seabass o gambas a 250 baht, con salsa de mango, tamarindo o al estilo panang. Precios muy asequibles para lo fresco que está el producto.

Para la comida callejera y los puestos de mercado no: se improvisa sobre la marcha, que es parte del encanto. Para sitios con más nombre o azoteas con vistas, conviene mirarlo con algo de antelación, sobre todo en fin de semana.




Día 1: Llegada a Koh Mook

En cuestión de horas cambiamos por completo de paisaje: de la piedra milenaria de los templos al blanco de la arena. Ya en Koh Mook y Koh Ngai, cuando la barca se acercó a Koh Mook y vimos la playa por primera vez, se nos dibujó una sonrisa tonta que ya no se nos quitó en días.

Nuestro hogar era un bungalow de madera con techo de paja en Mookies Bungalows, rodeado de cocoteros, a pocos pasos de la orilla. Las primeras tardes las dedicamos a lo que mejor se hace en esta isla: snorkel en agua transparente como el cristal, con una isla rocosa asomando en el horizonte como telón de fondo permanente. Sin coches, con caminos de arena y un ritmo de vida que te desconecta del móvil sin que te des ni cuenta. La felicidad, a veces, es así de simple.

Nuestro bungalow en Koh Mook
Nuestro bungalow en Koh Mook

La primera cena marcó el tono de la isla: pescado y marisco a la parrilla en un restaurante con la pizarra escrita a mano (seabass o gambas, 250 baht, a elegir entre salsa de mango, tamarindo o panang), un pad thai con zumo de mango y un árbol de Navidad de luces de colores que desentonaba de la manera más entrañable posible. De postre, una crepe de Nutella para cerrar el día con algo dulce.

Pad thai y zumo de mango
Pad thai y zumo de mango
Crepe de Nutella
Crepe de Nutella

Día 2: La Emerald Cave

El gran día de Koh Mook, el que justifica por sí solo elegir esta isla y no otra. La Tham Morakot, la famosa Emerald Cave: una barca te deja frente a la entrada de un acantilado de piedra caliza, y a partir de ahí se entra en kayak y a nado, completamente a oscuras, dentro de la cueva. No vamos a mentir: se pasa un poco de miedo.

La playa secreta de la cueva
La playa secreta de la cueva
En barca de cola larga
En barca de cola larga

No ves absolutamente nada durante un rato que se hace eterno, solo escuchas el agua y tu propia respiración, y justo cuando empiezas a preguntarte si esto era buena idea, el túnel se abre de golpe a una playa secreta a cielo abierto, rodeada de paredes verticales cubiertas de selva por todos lados.

El corazón pasa de cien a cero en un segundo. Alucinamos. Es de esas experiencias que suenan a leyenda hasta que las vives, y de las que se cuentan después mil veces. En una de las inmersiones cerca de la costa nos cruzamos, además, con una serpiente marina deslizándose por el fondo arenoso — a una distancia prudencial, pero suficiente para el subidón de adrenalina del día.

Dentro de la Emerald Cave
Dentro de la Emerald Cave
Una serpiente marina
Una serpiente marina

La misma salida en barca nos dejó luego en Koh Kradan, a un rato de navegación: arena blanquísima, agua de un turquesa que parece retocado y un cartel clavado en un árbol con los horarios y precios de las barcas de vuelta, que es toda la burocracia que hay por aquí.

Horarios en Koh Kradan
Horarios en Koh Kradan
La playa de Koh Kradan
La playa de Koh Kradan

Agua turquesa en Koh Kradan
Agua turquesa en Koh Kradan

De vuelta en Koh Mook nos quedamos en la orilla hasta que se fue la luz, y cenamos en el Madame Yoo Hoo, un sitio sencillo de carta plastificada y comida casera.

Atardecer en Koh Mook
Atardecer en Koh Mook
Los pies en el agua
Los pies en el agua

Cena en Madame Yoo Hoo
Cena en Madame Yoo Hoo
Días 3 y 4: Playa larga, kayak y sabores de la isla

Día de playa larga junto a una hilera interminable de cocoteros, con un acantilado rocoso cerrando la bahía al fondo, como si la propia naturaleza hubiera decidido ponerle un marco exacto al paisaje. Comida ligera de wrap y ensalada frente al mar, y un paseo en kayak por aguas resguardadas, entre paredes de roca y una vegetación tan densa que en algunos tramos casi se cerraba sobre el agua.

En kayak junto al acantilado
En kayak junto al acantilado
La playa larga
La playa larga
Cocoteros por todas partes
Cocoteros por todas partes

En uno de los senderos de la isla, junto a un pequeño asentamiento de pescadores, también vimos la otra cara menos amable del paraíso: montañas de plástico y basura arrastradas hasta la orilla por la marea, un recordatorio de que ni los rincones más remotos se libran del problema.

Comida frente al mar
Comida frente al mar
Barcas en la bahía
Barcas en la bahía

Estos días en Koh Mook se comió de maravilla y por muy poco: khao soi con fideos crujientes, postre de mango con helado y batidos de fruta recién hecha en cualquier chiringuito de madera. Una mañana, mientras desayunábamos, un calao enorme se posó en la barandilla del bungalow de al lado y se quedó un rato mirándonos, como si fuera lo más normal del mundo.

Khao soi
Khao soi
Postre de mango
Postre de mango
Batido de plátano
Batido de plátano
Un calao en el balcón
Un calao en el balcón
Último atardecer en Koh Mook
Último atardecer en Koh Mook
Día 5: Traslado a Koh Ngai

Un salto en barco nos llevó a Koh Ngai (también llamada Koh Hai), todavía más pequeña y con menos infraestructura que Koh Mook. Nuevo bungalow, esta vez en el Thanya Beach Resort, rodeado de palmeras y algún frangipani en flor, con vistas directas a una roca caliza partida limpiamente en dos que sobresale del mar justo frente a la playa. Fue amor a primera vista: esa roca se convirtió en la auténtica protagonista de todas nuestras fotos de atardecer, día tras día, sin cansarnos nunca de mirarla.

Rumbo a Koh Ngai
Rumbo a Koh Ngai
La roca partida en dos
La roca partida en dos

En la habitación nos esperaban dos cisnes de toalla y flores rojas sobre la cama, y fuera, una tumbona con vistas y un brindis de bienvenida mirando esa roca partida que ya no nos íbamos a quitar de la cabeza.

Cisnes de toalla
Cisnes de toalla
Brindis de llegada
Brindis de llegada
Tumbona con vistas
Tumbona con vistas
Atardecer tras la roca
Atardecer tras la roca
Día 6: Sendero de selva y una sorpresa inesperada

Nos calzamos las zapatillas para recorrer a pie el sendero que cruza la selva interior de la isla hasta otra playa distinta: un paseo corto pero húmedo, entre raíces expuestas y vegetación tan cerrada que apenas dejaba pasar la luz. Y ese mismo día, el dron capturó — completamente sin buscarlo — una serpiente deslizándose en solitario por la arena de una playa vacía. Un recordatorio de que, por muy domesticado que parezca el paraíso, sigue siendo selva de verdad.

Sendero por la selva
Sendero por la selva
Hacia Paradise Beach
Hacia Paradise Beach
Cuidado con los cocos
Cuidado con los cocos

Al otro lado esperaba una playa casi vacía, con la sombra justa de un árbol inclinado sobre la arena. Comimos allí mismo: un roti con té helado a media mañana y, más tarde, gambas con arroz integral en un plato que llegó como para dos.

La playa del otro lado
La playa del otro lado
Roti y té en la playa
Roti y té en la playa

Gambas con arroz
Gambas con arroz
Día 7: Piscina infinita y último atardecer

Día de relax total: playas casi vacías, tumbona bajo la sombra de una palma, y algún velero anclado en la bahía como única compañía en todo el horizonte.

Cóctel con vistas
Cóctel con vistas
Piscina infinita
Piscina infinita
Sin mover un pie del agua
Sin mover un pie del agua

A mediodía subimos a la piscina infinita de un mirador de la isla y, cóctel en mano, nos despedimos de las islas viendo varias siluetas de piedra caliza recortadas sobre el mar, todas a la vez, sin mover un pie del agua. Nos quedamos allí hasta que la luz se fue del todo, alargando el momento, porque los dos sabíamos que este atardecer era el último de la etapa de islas y ninguno quería decirlo en voz alta.

Los dos en la piscina infinita
Los dos en la piscina infinita

Cenamos junto a la piscina, bajo un techado de palma iluminado con lucecitas, y de vuelta a la habitación una civeta cruzó tranquilamente el jardín delante de nosotros — el broche perfecto a la parte más salvaje del viaje.

Camino a la cena
Camino a la cena
Satay de pollo
Satay de pollo

Día 8: Vuelo a Bangkok con Nok Air

Salida de la zona de islas en un vuelo doméstico con Nok Air, inconfundible con su librea amarilla y naranja en forma de pico de pájaro pintada en el morro. Vuelo corto, sin lujos, pero infinitamente más cómodo que combinar varias horas de barco y furgoneta. Por la tarde hicimos el check-in en el Grande Centre Point, en plena zona de rascacielos de Bangkok, con la ciudad extendiéndose en todas direcciones desde la ventana de la habitación. El contraste no podía ser mayor: de los cocoteros a los neones en un mismo día.

Adiós a las islas
Adiós a las islas
El avión de Nok Air
El avión de Nok Air

Al abrir la puerta de la habitación nos esperaba la sorpresa que nos derritió: la cama decorada con toallas dobladas en forma de cisnes y pétalos de rosa, con los rascacielos al otro lado del cristal. Por la noche nos acercamos a ICONSIAM, el centro comercial gigante a orillas del río, con su mercado cubierto imitando un mercado flotante y un árbol de Navidad hecho con sombreros de paja y conchas.

Cisnes y rascacielos
Cisnes y rascacielos
Noche en ICONSIAM
Noche en ICONSIAM
Árbol de Navidad tailandés
Árbol de Navidad tailandés
Mercado bajo techo
Mercado bajo techo
Día 9: Primer contacto con Bangkok y Chinatown

Desayuno de estilo asiático en el hotel —dim sum, sopa, zumo de naranja recién exprimido— antes de salir a explorar con las pilas cargadas. Pusimos rumbo a Chinatown (Yaowarat), con su arco de entrada de caracteres chinos presidiendo la calle principal y las aceras tomadas por puestos de comida callejera y toldos de colores hasta donde alcanzaba la vista.

Desayuno de dim sum
Desayuno de dim sum
Piscina entre rascacielos
Piscina entre rascacielos
Bangkok desde la ventana
Bangkok desde la ventana

Nos colamos también en el santuario de Kuan Ti, un templo chino con fachada de dragones tallados y pilares rojos que asoma justo detrás del arco, mucho más colorido de lo que esperábamos, y ya de paso en un gran templo budista de fachada blanca y dorada, con un buda enorme presidiendo el interior.

En Wat Traimit
En Wat Traimit
El buda de oro
El buda de oro

Hicimos también un tramo en barco por los canales (khlongs) que atraviesan la parte antigua de la ciudad, una perspectiva de Bangkok completamente distinta a la de las calles. Los aromas de la cocina callejera entremezclándose en el aire son de esas cosas que no se olvidan, igual que pararnos en un puesto de anillos y bisutería a curiosear un rato.

Uno de los khlongs
Uno de los khlongs
La calle Yaowarat
La calle Yaowarat

Rematamos la tarde junto al Chao Phraya, en el Hong Sieng Kong, una casa antigua reconvertida en cafetería con el jardín asomado al río, justo a la hora en que el sol se pone detrás del agua. Y de vuelta al hotel, el clásico trayecto en tuk-tuk de noche, con los neones pasando a toda velocidad.

Junto al Chao Phraya
Junto al Chao Phraya
En tuk-tuk de noche
En tuk-tuk de noche
Día 10: Golden Mount y vistas desde MBK

Subimos al Golden Mount (Wat Saket), un templo dorado construido sobre una colina artificial en pleno centro, con banderas tailandesas ondeando junto al chedi dorado y la ciudad extendiéndose abajo como un mapa a escala real.

El Golden Mount
El Golden Mount
Subiendo los 344 escalones
Subiendo los 344 escalones
Farolillos de colores
Farolillos de colores

Son 344 escalones en espiral, entre banianos, campanas y farolillos de colores, y merecen la pena solo por el final: llegamos justo a tiempo para ver caer el sol sobre los tejados de la ciudad vieja, con el chedi dorado encendido a nuestra espalda y varios monjes rezando delante de él.

Monjes ante el chedi
Monjes ante el chedi
Bangkok al atardecer
Bangkok al atardecer

Antes de bajar dejamos colgado un corazón de metal con nuestros nombres escritos, entre cientos de placas que otros visitantes habían ido dejando. Y ya de noche, el capricho del día: un postre de chocolate y helado en una heladería de las de toda la vida.

Viendo caer el sol
Viendo caer el sol
Nuestro nombre en un corazón
Nuestro nombre en un corazón

Postre de Swensen's
Postre de Swensen’s
Día 11: Ramen, azotea y una sorpresa en la habitación

Comimos en la barra de un bar de ramen minúsculo, de esos con banderines rojos colgando del techo y la cocina completamente a la vista, con un bol de fideos recién hechos entre el vapor y el ruido de fondo — de esas cenas sencillas que acaban siendo de las mejores del viaje.

Ramen tonkotsu
Ramen tonkotsu
En la barra del ramen
En la barra del ramen
Ramen con panceta
Ramen con panceta

Selfie de pareja con el perfil completo de rascacielos de Bangkok detrás. Nos quedamos un buen rato mirando la ciudad desde el cristal, sin hablar, saboreando la última noche.

El último día lo dedicamos a la zona comercial: selfie obligado desde la pasarela elevada del BTS con el MBK Center de fondo y el tráfico circulando varios pisos más abajo, y un alto en una cafetería con fuente de chocolate, brownie y capuccino incluidos.

Última mañana en Bangkok
Última mañana en Bangkok
La torre Mahanakhon al fondo
La torre Mahanakhon al fondo

El MBK Center desde la pasarela
El MBK Center desde la pasarela
Día 12: Vuelta a casa

Últimas horas en Bangkok antes del vuelo de regreso, con la maleta a medio hacer y esa sensación agridulce que conoce todo viajero: ganas de casa y pena de irse, todo a la vez. Cerrábamos casi tres semanas de viaje entre templos, playas y una capital que no para nunca del todo — y ya en el aeropuerto íbamos pensando en el siguiente destino.




Aquí tenéis las paradas del viaje sobre el mapa, con un color para cada etapa y la ruta en el orden en que la hicimos. Las ubicaciones salen del GPS de nuestras propias fotos. Pulsad en el mapa para abrirlo y tocad cualquier punto para ver qué hicimos allí.

Mapa de nuestra ruta por el sur de Tailandia: Koh Mook, Koh Kradan, Koh Ngai y BangkokVer el mapa interactivo

Al pulsar se carga el mapa de Google Maps.


Si Camboya nos regaló historia y piedra, esta segunda mitad del viaje fue agua cristalina, cuevas secretas y el subidón final de una capital vibrante. Koh Mook y Koh Ngai nos demostraron que el sur de Tailandia todavía guarda islas donde el tiempo parece detenerse, con esa combinación de bungalow sencillo, playa vacía y experiencias como la Emerald Cave que se quedan grabadas para siempre.

Y Bangkok, con sus templos dorados asomando entre rascacielos y su Chinatown bulliciosa, fue el contraste perfecto para cerrar un viaje que empezó brindando en una Qsuite y terminó con los pies en la arena de una isla que casi nadie conoce todavía. Cada playa, cada templo y cada atardecer se convirtieron en parte de nosotros, y nos vamos con un profundo interés por volver a esta parte del mundo.

Si os animáis a preparar esta ruta, la web oficial de Tourism Authority of Thailand.

¿Te has perdido el resto de la aventura? Aquí tienes cómo empezó todo: nuestro vuelo en business con Qatar Airways y nuestros seis días en Siem Reap y Angkor.


(Pasamos 4 noches en Mookies Bungalows, Koh Mook, y 3 noches en Thanya Beach Resort, Koh Ngai.)


¿Te ha gustado este viaje? En nuestro canal de YouTube y en Instagram compartimos el día a día, ¡no te lo pierdas!

¡Muchas gracias por leernos!



DesdeMarbella

Juanlu y Lucía, viajeros desde 2007. Compartimos itinerarios reales, presupuestos y consejos prácticos de nuestros viajes en el blog y en nuestro canal de YouTube. Quien vive ve mucho. Quien viaja ve más.

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