Viaje a Tailandia de 3 semanas: templos dorados entre la selva del norte

Tailandia en 3 semanas: Chiang Rai, Chiang Mai, Ao Nang, Koh Lipe y Bangkok

Este fue nuestro segundo viaje a Tailandia, esta vez con ganas de ir más allá de Bangkok. El plan fue un recorrido largo de norte a sur: templos imposibles en Chiang Rai, un santuario de elefantes en las montañas de Chiang Mai, los acantilados imposibles de Railay y unos días de playa en Koh Lipe antes de cerrar el círculo de vuelta en Bangkok. Casi tres semanas que se nos hicieron cortas.

Hicimos este viaje a Tailandia entre noviembre y diciembre de 2019.


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Antes de comenzar con nuestro itinerario, hemos creado una serie de respuestas a las típicas preguntas que os estaréis planteando para organizar vuestro viaje a Tailandia:

Como turistas españoles, para estancias cortas no se necesita visado, basta con el pasaporte con validez suficiente. Conviene comprobarlo siempre antes de viajar, ya que las condiciones pueden cambiar.

Nosotros siempre recomendamos viajar fuera de España con un seguro de viaje que incluya una buena cobertura médica, sobre todo si vais a montar en moto o hacer actividades de aventura como nosotros.

No hay ninguna obligatoria para entrar al país, pero es recomendable consultar con un centro de vacunación internacional antes de salir, especialmente si el itinerario incluye zonas rurales o de montaña. Nosotros nos pusimos alguna antes de este viaje, precisamente porque el norte del país nos iba a llevar a zonas más rurales que en nuestro primer viaje.

El baht tailandés (THB). Se puede sacar efectivo de cajeros por todo el país, aunque cada extracción suele llevar una comisión fija del banco local.

Sí, es muy habitual y una de las mejores formas de moverse en las zonas del norte, como hicimos nosotros en Chiang Mai. Hay que llevar casco siempre y comprobar bien el estado del vehículo antes de firmar el alquiler.

Ropa ligera y transpirable para el calor y la humedad, un chubasquero ligero por si acaso, y algo de abrigo para las noches en zonas de montaña como Chiang Rai o Chiang Mai, donde refresca bastante más que en la costa.

Combinamos vuelos internos, furgonetas compartidas y ferris para las islas. Para trayectos largos dentro del país, el avión suele compensar por el tiempo que ahorra.




  • Tailandia es el único país del Sudeste Asiático que nunca fue colonizado por una potencia europea, algo de lo que los tailandeses se sienten especialmente orgullosos.
  • El nombre “Tailandia” significa literalmente “tierra de los libres”.
  • Es de mala educación tocar la cabeza de alguien o señalar con los pies, considerados la parte más “baja” y menos respetuosa del cuerpo en la cultura tailandesa.
  • El rey y la familia real gozan de un respeto casi sagrado: criticarlos públicamente es delito (lèse-majesté) y puede acarrear penas de cárcel, incluso para extranjeros.



Chiang Rai: el Templo Blanco y el Templo Azul

Empezamos el viaje directamente en el norte: llegamos a Chiang Rai de noche, con el tiempo justo de dejar las mochilas, callejear un rato entre los puestos y cenar lo primero que nos entró por los ojos, que en Tailandia casi nunca falla.

Primera noche en Chiang Rai
Primera noche en Chiang Rai
Cena en un puesto callejero de Chiang Rai
Cena en un puesto callejero de Chiang Rai

Veníamos a ver dos de los templos más espectaculares que hemos visto nunca. El primero fue el Wat Rong Khun, el Templo Blanco, que no es un templo antiguo: lo empezó a construir el artista Chalermchai Kositpipat en 1997 y sigue sin terminarse. Todo el recinto es de estuco blanco con trocitos de espejo incrustados, así que a mediodía deslumbra de verdad.

Segundo viaje a Tailandia: el Templo Blanco de Chiang Rai
El Templo Blanco de Chiang Rai
Las figuras blancas del recinto
Las figuras blancas del recinto

Un árbol seco entre tanto blanco
Un árbol seco entre tanto blanco
La entrada al templo
La entrada al templo

Se entra por un puente que cruza un mar de manos que salen del suelo, una representación del deseo y del infierno por la que hay que pasar antes de llegar al templo. Alrededor, estanques, pasarelas y figuras blancas por todas partes. Lo malo es que a media mañana ya se llena: si podéis, id a primera hora.

El Wat Rong Khun al completo
El Wat Rong Khun al completo
El templo reflejado en el estanque
El templo reflejado en el estanque

El detalle de cada rincón
El detalle de cada rincón

Después paramos a comer en el Chivit Thamma Da Coffee House, una casa colonial blanca con el jardín pegado al río Kok. El batido de mango que pedimos allí fue de lo más rico y refrescante de todo el viaje, y el sitio invita a quedarse un buen rato a la sombra viendo pasar el agua.

El río Kok desde el jardín
El río Kok desde el jardín
Parada en el Chivit Thamma Da
Parada en el Chivit Thamma Da

El jardín de la casa colonial
El jardín de la casa colonial

Por la tarde nos acercamos al Wat Rong Suea Ten, el Templo Azul, que nos sorprendió por el contraste con el anterior: todo el complejo en añil y dorado, con nagas —las serpientes míticas— custodiando la entrada y figuras guardianas a cada lado de la escalera. Dentro, el añil se come las paredes y el techo, y en el centro preside un gran Buda blanco iluminado que parece flotar. Es más pequeño y más tranquilo que el Templo Blanco, se visita en media hora y, además, la entrada es totalmente gratuita.

Las figuras del Templo Azul
Las figuras del Templo Azul
Nagas custodiando el acceso
Nagas custodiando el acceso

En la entrada del Wat Rong Suea Ten
En la entrada del Wat Rong Suea Ten
El Buda blanco del interior
El Buda blanco del interior

Ya de noche, cerramos el día en la torre del reloj de Chiang Rai, obra del mismo artista del Templo Blanco. Cada hora, entre las siete y las nueve, se apagan las luces de la plaza y la torre se enciende en una secuencia de colores con música: dura unos minutos y merece la pena cuadrarlo.

La torre del reloj en verde
La torre del reloj en verde
La plaza de la torre de noche
La plaza de la torre de noche
La torre del reloj en dorado
La torre del reloj en dorado

Al día siguiente lo dedicamos a callejear sin plan: cafeterías con la bicicleta y las flores en la puerta, templos pequeños sin colas ni entrada, y el paseo junto al río al final de la tarde. En Chiang Rai se va a otro ritmo que en Chiang Mai, y eso es justo lo que nos gustó.

Una cafetería con bicicleta en la puerta
Una cafetería con bicicleta en la puerta
Flores y figuras en la entrada
Flores y figuras en la entrada

Templos pequeños sin colas
Templos pequeños sin colas
El río al final de la tarde
El río al final de la tarde

De postre, un roti recién hecho en el mercado nocturno: una especie de crep frito con plátano y chocolate que cuesta poco más de un euro y que se convirtió en costumbre casi todas las noches del viaje.

Roti de postre en el mercado
Roti de postre en el mercado
Chiang Mai: templos, elefantes y motos de alquiler

En Chiang Mai empezamos por la ciudad vieja, el cuadrado amurallado y rodeado de foso donde se concentran la mayoría de los templos. Se recorre andando y, sin buscarlos, vas pasando por delante de fachadas doradas, chedis de ladrillo y patios en los que no hay nadie más que tú.

El chedi del Wat Chiang Man
El chedi del Wat Chiang Man
En la puerta de un templo de la ciudad vieja
En la puerta de un templo de la ciudad vieja

Fachadas doradas por todas partes
Fachadas doradas por todas partes
Templos uno detrás de otro
Templos uno detrás de otro

Uno de los que más nos gustó fue el Wat Chiang Man, el más antiguo de la ciudad, del siglo XIII: su chedi se apoya sobre una fila de elefantes de piedra que salen del muro y, justo al lado, una pequeña sala de madera y oro se levanta sobre un estanque al que se llega cruzando un puente.

La sala de madera sobre el estanque
La sala de madera sobre el estanque

Para el resto de días alquilamos un scooter, que es la forma más cómoda y barata de moverse por aquí: unos 200 baht al día. Hay que tener la cabeza en el tráfico y en la maraña de cables que cuelga sobre cada cruce, pero una vez le pillas el punto, la ciudad se hace pequeña. Y con el calor que hace, un zumo de sandía por el camino es casi obligatorio.

La maraña de cables de Chiang Mai
La maraña de cables de Chiang Mai
Sentados a la sombra
Sentados a la sombra
Zumo de sandía para el calor
Zumo de sandía para el calor

El templo más importante del centro es el Wat Phra Singh, con su gran chedi dorado, su sala de madera oscura y el altar lleno de budas. En el patio hay braseros con varillas de incienso y ofrendas de flores, y a la entrada dos nagas enormes custodiando la escalinata.

Los monjes de cera del templo
Los monjes de cera del templo
El gran chedi dorado
El gran chedi dorado
Un farolillo rojo frente al chedi
Un farolillo rojo frente al chedi
Velas encendidas a los pies del chedi
Velas encendidas a los pies del chedi
Nagas enormes a la entrada del Wat Phra Singh
Nagas enormes a la entrada del Wat Phra Singh

A pocas calles está el Wat Chedi Luang, el que más nos impresionó de la ciudad: lo que queda de un chedi del siglo XIV que llegó a medir 80 metros y que se vino abajo en parte con un terremoto. Alrededor cuelgan farolillos y banderolas de colores que se mueven con el aire, y las escaleras están flanqueadas por nagas y elefantes. Al lado, en el viharn, preside un Buda dorado de pie entre columnas de oro y techo rojo.

Banderolas de colores
Banderolas de colores
El Buda dorado del interior
El Buda dorado del interior
A los pies del Wat Chedi Luang
A los pies del Wat Chedi Luang

Por la noche tocaba khao soi, el plato típico del norte: un curry de coco con fideos de huevo, fideos fritos por encima, lima y cebolla encurtida. Cuesta unos dos euros en cualquier puesto y es de las cosas que más echamos de menos al volver. Luego, vuelta al hotel bordeando la muralla iluminada.

Khao soi, el plato típico del norte
Khao soi, el plato típico del norte
La muralla de la ciudad vieja de noche
La muralla de la ciudad vieja de noche

El día con más carga emocional del viaje fue la excursión al Elephant Nature Park, en concreto al Karen Elephant Retreat, a una hora larga de la ciudad. Nada más llegar nos dieron un cesto con caña de azúcar y plátanos y nos presentaron a los elefantes, que se acercan solos a la valla a buscar la comida.

Primer encuentro con los elefantes
Primer encuentro con los elefantes
Dándoles de comer caña de azúcar
Dándoles de comer caña de azúcar

Con los elefantes del Karen Elephant Retreat
Con los elefantes del Karen Elephant Retreat
La trompa buscando más plátanos
La trompa buscando más plátanos

Después los acompañamos monte arriba mientras comían. Aquí no se monta a los elefantes, no llevan sillas ni hacen trucos: se camina a su lado, se les da de comer y poco más. Ver de cerca el tamaño de una pata o de una trompa hace entender rápido por qué montarlos no debería ser un plan de viaje.

Paseando con ellos por el valle
Paseando con ellos por el valle
A su lado se entiende el tamaño
A su lado se entiende el tamaño
Segundo viaje a Tailandia: elefante comiendo entre la hierba alta en Chiang Mai
Comiendo entre la hierba alta

Al mediodía bajamos todos al río para el baño: ellos se tumban en el agua y uno les va echando cubos por encima mientras se revuelcan en el barro. Acabamos empapados y llenos de tierra, y fue la mejor mañana del viaje con diferencia.

La hora del baño en el río
La hora del baño en el río
Refrescándolos con cubos de agua
Refrescándolos con cubos de agua

El elefante pequeño del grupo
El elefante pequeño del grupo
Un elefante saliendo del río
Un elefante saliendo del río

Las noches las pasábamos en el Night Bazaar y en los mercados de fin de semana, donde se cena por tres o cuatro euros entre puestos de brochetas, pad thai y zumos, con farolillos colgando de punta a punta de la calle.

Brochetas en el mercado nocturno
Brochetas en el mercado nocturno
Farolillos del mercado de Chiang Mai
Farolillos del mercado de Chiang Mai
Pintadas en 3D del mercado
Pintadas en 3D del mercado

Otro día subimos la montaña por la carretera que sale hacia el Doi Suthep y paramos en el Wat Pha Lat, un templo escondido en plena selva al que casi nadie va. Es el sitio del viaje que más nos sorprendió: esculturas cubiertas de musgo entre los árboles, escaleras tragadas por la vegetación y silencio absoluto.

Figuras cubiertas de musgo
Figuras cubiertas de musgo
El templo escondido en la selva
El templo escondido en la selva

Esculturas entre la vegetación
Esculturas entre la vegetación
Budas entre el bambú
Budas entre el bambú

Un arroyo cruza el recinto y se puede seguir el sendero que baja hacia la ciudad, el llamado Monk’s Trail, marcado con telas naranjas en los árboles. Si os gusta la fotografía, aquí os vais a quedar más tiempo del previsto.

El arroyo que cruza el recinto
El arroyo que cruza el recinto
Un Buda cubierto de collares
Un Buda cubierto de collares
La escalera de la naga, cubierta de musgo
La escalera de la naga, cubierta de musgo

Siguiendo la misma carretera se llega al Wat Phra That Doi Suthep, el templo más famoso de Chiang Mai, a 1.000 metros de altura. Se sube por una escalinata de 306 escalones flanqueada por una naga gigantesca, y arriba esperan el chedi dorado, las campanas y una terraza con toda la ciudad a los pies.

Chiang Mai desde la montaña
Chiang Mai desde la montaña
En el mirador del Doi Suthep
En el mirador del Doi Suthep

El chedi dorado del Doi Suthep
El chedi dorado del Doi Suthep
La escalinata de la naga
La escalinata de la naga

De vuelta al centro paramos en el Wat Sri Suphan, el Templo de Plata: un templo entero recubierto de paneles de aluminio y plata repujada, con escenas trabajadas a mano en cada pared. Un aviso: al recinto principal solo pueden entrar hombres, es una norma del propio templo.

Paneles de plata repujada
Paneles de plata repujada
El Wat Sri Suphan
El Wat Sri Suphan

El templo de plata por dentro
El templo de plata por dentro
Ao Nang y Railay: acantilados imposibles sobre el mar

Volamos al sur, a Krabi, y nos instalamos tres noches en Ao Nang, nuestro primer destino de playa de la ruta. El cambio es brutal: de los templos del norte a una bahía llena de long tail boats y de paredes de piedra caliza que salen directamente del agua.

Esperando el vuelo a Krabi
Esperando el vuelo a Krabi
Las barcas de cola larga de Ao Nang
Las barcas de cola larga de Ao Nang

Ao Nang entre acantilados
Ao Nang entre acantilados
Primer paseo por la playa
Primer paseo por la playa

La primera tarde hicimos el Monkey Trail, un sendero con escaleras de madera que cruza la selva pegado a la costa y une Ao Nang con la playa de Nopparat Thara. Se tarda unos veinte minutos, hay monos por el camino y termina en una playa pequeña, mucho más tranquila que la principal.

Las escaleras del Monkey Trail
Las escaleras del Monkey Trail
El sendero entre la selva
El sendero entre la selva

La playa al final del camino
La playa al final del camino
La roca que cierra la bahía
La roca que cierra la bahía

Esa puesta de sol fue de las que se recuerdan: el cielo cambiando de color sobre el mar, las siluetas de las rocas recortadas y la playa prácticamente para nosotros. Nos quedamos dentro del agua hasta que no quedó luz y cenamos luego una de las cosas que más nos gustan de Tailandia: arroz frito servido dentro de una piña, por unos cuatro euros, en cualquiera de los restaurantes de la calle principal.

Un rato de yoga en la orilla
Un rato de yoga en la orilla
El sol entrando en el mar
El sol entrando en el mar
Saltando en la playa al atardecer
Saltando en la playa al atardecer
Los últimos colores del día
Los últimos colores del día
Cena tailandesa servida en piña
Cena tailandesa servida en piña

Al día siguiente cruzamos en barca hasta Railay, la península rodeada de acantilados verticales a la que solo se puede llegar por agua. Las barcas salen de la propia playa de Ao Nang cuando se llenan (unos 100 baht por trayecto) y tardan quince minutos en dejarte en la arena.

Llegando a Railay en barca
Llegando a Railay en barca
Las paredes de caliza de Railay
Las paredes de caliza de Railay

El paso entre las rocas hacia Phra Nang
El paso entre las rocas hacia Phra Nang
La cueva de las ofrendas de Phra Nang
La cueva de las ofrendas de Phra Nang

De sus playas, la que más nos gustó fue Phra Nang, con su cueva llena de ofrendas de los pescadores locales y la roca de Happy Island justo enfrente. Por los caminos entre playas hay monos por todas partes: cuidado con las bolsas y la comida, que son rapidísimos.

La playa de Phra Nang
La playa de Phra Nang
Frente a la roca de Happy Island
Frente a la roca de Happy Island
Monos entre los árboles
Monos entre los árboles
Railay West al mediodía
Railay West al mediodía

Volvimos a Ao Nang a tiempo para otro atardecer en la playa, que allí es el plan de todas las tardes: la gente se sienta en la arena, las barcas quedan en silueta contra el sol y el cielo se pone naranja entero en cuestión de minutos.

La playa al final de la tarde
La playa al final de la tarde
Nuestra firma en la arena
Nuestra firma en la arena
Sentados viendo caer el sol
Sentados viendo caer el sol
El sol tocando el agua
El sol tocando el agua
Las barcas varadas al caer el sol
Las barcas varadas al caer el sol

El último día antes de volar a Koh Lipe hicimos la excursión de las 4 islas, nosotros dos solos en una barca de cola larga: Koh Poda, Chicken Island, Koh Tup y Koh Mor. Salimos temprano para evitar los grupos grandes, y la diferencia se nota.

Saliendo en barca al amanecer
Saliendo en barca al amanecer
La silueta de Chicken Island
La silueta de Chicken Island

Navegando entre islas
Navegando entre islas
Arena blanca y agua turquesa
Arena blanca y agua turquesa

Con la marea baja aparecen lenguas de arena que unen unos islotes con otros, como la de Koh Tup, que se cruza andando con el agua por los tobillos. Donde mejor lo pasamos fue en Koh Poda, de arena finísima y agua transparente: allí hicimos el mejor snorkel de toda la excursión, con peces de colores a dos metros de la orilla.

La lengua de arena de Koh Poda
La lengua de arena de Koh Poda
Segundo viaje a Tailandia: playa de Koh Poda en la excursión de las 4 islas
A la sombra en la playa de Koh Poda

La tarde la rematamos en la piscina del hotel y con otro atardecer desde la playa, antes de cenar pescado a la brasa en uno de los puestos del paseo. Se elige la pieza en el mostrador de hielo, la pesan y te la sacan a la mesa entera, por lo que cuesta un menú del día en España.

La piscina del hotel en Ao Nang
La piscina del hotel en Ao Nang
El atardecer sobre Ao Nang
El atardecer sobre Ao Nang

Un refresco antes de cenar
Un refresco antes de cenar
Pescado a la brasa para cenar
Pescado a la brasa para cenar

Koh Lipe: el paraíso de arena blanca

Cerramos la parte de playa en Koh Lipe, una isla pequeña y remota del extremo sur, casi en la frontera con Malasia, a la que solo se llega en barco y que forma parte del parque nacional de Tarutao. Nos alojamos junto a Sunrise Beach, más tranquila, y pasábamos el día en Pattaya Beach: arena blanca finísima, agua turquesa y peces de colores nada más meterse.

Llegando a Koh Lipe
Llegando a Koh Lipe
Pattaya Beach, la playa principal
Pattaya Beach, la playa principal
El agua turquesa de Koh Lipe
El agua turquesa de Koh Lipe
Sunrise Beach con sus barcas
Sunrise Beach con sus barcas
Las rocas de la orilla con la marea baja
Las rocas de la orilla con la marea baja
Atardecer en la playa de Koh Lipe
Atardecer en la playa de Koh Lipe

Por las noches, la isla se concentra en la Walking Street, una calle peatonal de un extremo a otro llena de restaurantes, masajes y puestos. Se cena con los pies en la arena y, cuando se hace de noche, los chiringuitos de la playa montan espectáculos de fuego con música. Y como apenas hay alumbrado, basta con alejarse unos metros de los bares para ver el cielo entero lleno de estrellas, algo que en Europa cuesta bastante más encontrar.

Un cóctel en la arena
Un cóctel en la arena
Espectáculo de fuego en la orilla
Espectáculo de fuego en la orilla

El corazón iluminado de la playa
El corazón iluminado de la playa
La Walking Street de Koh Lipe
La Walking Street de Koh Lipe
El cielo estrellado de la isla
El cielo estrellado de la isla

El resto de días fue justo lo que buscábamos: hamaca colgada entre dos palmeras, baño, siesta y vuelta a empezar. La isla se cruza andando de punta a punta en veinte minutos por caminos de tierra entre la selva, así que no hace falta alquilar nada.

Hamaca frente al mar
Hamaca frente al mar
Mirando el mar sin hacer nada
Mirando el mar sin hacer nada
Los caminos de la isla
Los caminos de la isla

Dejamos para el final el agua de Sunset Beach y de North Point, las dos playas pequeñas del norte, perfectas para hacer snorkel y donde con la marea baja aparece una lengua de arena en mitad del mar.

Último baño en Koh Lipe
Último baño en Koh Lipe
Arena blanca y barcas de cola larga
Arena blanca y barcas de cola larga

Vuelta a Bangkok

Cerramos el viaje de nuevo en Bangkok, esta vez con dos días completos y más calma. Coincidiendo con el fin de semana, nos acercamos al mercado de Chatuchak, el más grande de la ciudad y solo abierto sábados y domingos: más de 15.000 puestos en un laberinto de pasillos donde se encuentra prácticamente cualquier cosa. De allí salimos en tuk-tuk, que hay que regatear antes de subir.

Los pasillos del mercado de Chatuchak
Los pasillos del mercado de Chatuchak
En tuk-tuk por Bangkok
En tuk-tuk por Bangkok

El tuk-tuk nos dejó en el río y allí cogimos uno de los barcos públicos que recorren el Chao Phraya. Es la mejor forma de moverse por esta parte de la ciudad: cuesta unos pocos baht, te saltas el atasco y se ve Bangkok desde el agua, con los rascacielos por un lado, el puente Rama VIII al fondo y los templos asomando por la otra orilla.

Navegando por el Chao Phraya
Navegando por el Chao Phraya
Bangkok desde el agua
Bangkok desde el agua

El puente Rama VIII
El puente Rama VIII
Templos a la orilla del río
Templos a la orilla del río

Bajamos en el Wat Arun, el Templo del Alba, que debe su aspecto a los millones de trozos de porcelana china con los que está decorado de arriba abajo, muchos procedentes del lastre de los barcos que llegaban al puerto. De cerca se ven las figuras que sostienen cada nivel y los mosaicos de flores que cubren el prang central entero.

El Wat Arun desde el río
El Wat Arun desde el río
Segundo viaje a Tailandia: el Wat Arun visto desde el río en Bangkok
El Templo del Alba

Porcelana china en cada centímetro
Porcelana china en cada centímetro
Los guardianes del prang
Los guardianes del prang
Figuras sosteniendo cada nivel
Figuras sosteniendo cada nivel

Se puede subir por unas escaleras muy empinadas hasta las terrazas intermedias, desde donde se ve el río y el Gran Palacio en la otra orilla. Con el sol de media tarde, la porcelana brilla y cambia de color.

En lo alto del Wat Arun
En lo alto del Wat Arun

Volvimos en barco con el sol ya bajo y nos dimos el capricho del viaje: un hotel con piscina en la azotea. Estar en el agua a esa altura, con el atardecer sobre los rascacielos y un cóctel en la mano, es de esas cosas que en Bangkok salen muchísimo más baratas de lo que parecen.

Vuelta en barco con el sol bajo
Vuelta en barco con el sol bajo
Bangkok desde la azotea
Bangkok desde la azotea
La piscina en la azotea
La piscina en la azotea
Nadando sobre la ciudad
Nadando sobre la ciudad
Cóctel con vistas
Cóctel con vistas

Por la noche cenamos con la ciudad entera a los pies y acabamos paseando por la famosa Khao San Road, la calle mochilera de siempre, con su ambiente joven, sus puestos de insectos fritos y música saliendo de cada local.

Cena con Bangkok a los pies
Cena con Bangkok a los pies
La Khao San Road de noche
La Khao San Road de noche
Ambiente nocturno en Khao San
Ambiente nocturno en Khao San

El último día lo dedicamos al Wat Benchamabophit, el Templo de Mármol, construido a principios del siglo XX con mármol de Carrara traído desde Italia. Tiene uno de los patios más cuidados que vimos en todo el país y un canal que lo rodea, y es el templo que sale en los billetes de cinco baht.

El canal del Templo de Mármol
El canal del Templo de Mármol
El Wat Benchamabophit
El Wat Benchamabophit

Frente al Templo de Mármol
Frente al Templo de Mármol

Y nos despedimos como habíamos empezado, mirando Bangkok desde arriba: la ciudad encendiéndose poco a poco mientras se nos acababan las tres semanas.

Último atardecer en Bangkok
Último atardecer en Bangkok
La despedida, con la ciudad encendida
La despedida, con la ciudad encendida



Aquí tenéis las paradas del viaje sobre el mapa, con un color para cada zona y la ruta en el orden en que la hicimos. Pulsad en el mapa para abrirlo y tocad cualquier punto para ver qué hicimos allí.

Mapa de la ruta de 3 semanas por Tailandia: Chiang Rai, Chiang Mai, Ao Nang y Railay, Koh Lipe y BangkokVer el mapa interactivo

Al pulsar se carga el mapa de Google Maps.


Este segundo viaje a Tailandia nos ha demostrado que el país da para mucho más que Bangkok y las islas de postal: los templos del norte, la experiencia con los elefantes y los acantilados de Railay nos han dejado tan buen sabor de boca como la propia playa. Si tenéis pensado un primer viaje más centrado en el sur, no descartéis reservar unos días para el norte en una próxima escapada, porque merece muchísimo la pena. Si todavía no habéis ido, os contamos cómo fue nuestro primer viaje a Tailandia para que os hagáis una idea de lo que os espera.


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¡Muchas gracias por leernos!

DesdeMarbella

Juanlu y Lucía, viajeros desde 2007. Compartimos itinerarios reales, presupuestos y consejos prácticos de nuestros viajes en el blog y en nuestro canal de YouTube. Quien vive ve mucho. Quien viaja ve más.

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