Escala en Ámsterdam: canal con tulipanes y barca naranja en el Koningsdag

Escala en Ámsterdam: qué ver en un día

Camino de Malasia nos tocó una escala larga en Ámsterdam y, en vez de quedarnos dando vueltas por el aeropuerto, cogimos el tren y nos plantamos en el centro. Aterrizamos a mediodía y a las tres ya estábamos comiendo junto a un canal. Y sin buscarlo, caímos justo el día del Koningsdag, la gran fiesta nacional de los Países Bajos: la ciudad entera vestida de naranja.




Sí, y de sobra. La estación de tren está debajo de la propia terminal de Schiphol y el trayecto hasta Ámsterdam Centraal dura unos 15-20 minutos, con trenes muy frecuentes. Con una escala de cinco o seis horas se puede ver el centro sin agobios; nosotros salimos de la terminal a las dos y media de la tarde y estábamos de vuelta a tiempo de sobra para el vuelo de la noche.

Lo primero, quitarse el peso de encima: en Schiphol hay taquillas de consigna, dejamos allí lo que no queríamos arrastrar y salimos a la calle con lo puesto. Se agradece, porque el centro de Ámsterdam es todo adoquín, puentes y escaleras estrechas.

Si vuelas en primavera, pide ventanilla: la aproximación a Schiphol sobrevuela los campos de tulipanes, con esas franjas de color entre los canales de drenaje que parecen pintadas a mano.

Los campos de tulipanes desde el avión
Los campos de tulipanes desde el avión



Desde Centraal se entra andando al casco antiguo en cinco minutos. Ámsterdam tiene más de 160 canales y unos 1.500 puentes, y el cinturón de canales del siglo XVII es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. No cogimos ninguna barca: paseando por los muelles se ve exactamente igual de bien y da tiempo a pararse en cada puente.

Canal y Sint-Nicolaaskerk
Canal y Sint-Nicolaaskerk
Bicicletas por todas partes
Bicicletas por todas partes
Los canales, a rebosar
Los canales, a rebosar

Para comer nos metimos en un restaurante con las ventanas justo encima del agua, con las barcas pasando por delante mientras esperábamos los platos: una hamburguesa y un bocadillo, nada sofisticado, pero con esas vistas cualquier cosa sabe mejor.

Comiendo junto al canal
Comiendo junto al canal
Las barcas pasando por delante
Las barcas pasando por delante

Hamburguesa y bocadillo con vistas al canal
Hamburguesa y bocadillo con vistas al canal



El Koningsdag se celebra cada 27 de abril, el cumpleaños del rey Guillermo Alejandro, y es la mayor fiesta del país. Todo el mundo sale a la calle vestido de naranja, el color de la Casa de Orange-Nassau: gorros, pelucas, camisetas y hasta las barcas de los canales van de naranja de punta a punta.

Nosotros nos lo encontramos de golpe al llegar a Damrak: la calle que sube desde la estación hasta la Plaza Dam era un río de gente. En la plaza, delante del Palacio Real, habían montado parterres de tulipanes que sobrevivían como podían al gentío.

Todo el mundo de naranja
Todo el mundo de naranja
Damrak, un río de gente
Damrak, un río de gente
Tulipanes en la Plaza Dam
Tulipanes en la Plaza Dam



El otro color del día lo ponen los tulipanes, que en abril están en plena temporada y se venden en ramos por toda la ciudad. Y en cualquier tienda de souvenirs hay estanterías enteras de patos de goma disfrazados de lo que se te ocurra, que es de esas tonterías que acaban siendo marca de la ciudad.

Ramos de tulipanes
Ramos de tulipanes
Tulipanes blancos
Tulipanes blancos

Y para merendar, lo que tocaba: unos crepes recién hechos con chocolate caliente por encima y una montaña de nata, que nos comimos allí mismo, sentados junto al escaparate viendo pasar a la gente vestida de naranja.

Crepes con chocolate y nata
Crepes con chocolate y nata
Lucía con sus crepes
Lucía con sus crepes




Cerramos la escala en el puente que hay junto a la estación, con la Sint-Nicolaaskerk enfrente y los barcos entrando y saliendo del agua abierta del IJ. Desde ahí, tren directo a Schiphol, recoger las maletas de la consigna y a la puerta de embarque: nos quedaban aún casi doce horas de vuelo hasta el sudeste asiático.

Un canal con la Sint-Nicolaaskerk al fondo
Un canal con la Sint-Nicolaaskerk al fondo
El puente junto a la estación
El puente junto a la estación




  • El Koningsdag es el 27 de abril, salvo que caiga en domingo: entonces se adelanta al 26.
  • En los Países Bajos hay más bicicletas que habitantes, y en Ámsterdam la bici es el transporte normal, no una excursión.
  • Las casas del centro son estrechas y altas porque durante siglos el impuesto se calculaba por el ancho de la fachada; de ahí también los ganchos y poleas de los tejados para subir muebles por fuera.
  • La ciudad está construida sobre terreno ganado al agua: la propia estación de Ámsterdam Centraal se levanta sobre miles de pilotes de madera clavados en el fango.
  • Buena parte del país está por debajo del nivel del mar, y sin diques y pólderes no existiría tal como lo conocemos.



Rotundamente sí. Con cinco horas se ve el centro histórico, se come junto a un canal y hasta sobra tiempo para un dulce. Lo único que pedimos: mirar antes el reloj de vuelta y dejar margen para el control de seguridad, que en Schiphol puede tener cola.

Nosotros seguimos viaje hacia Kuala Lumpur y las islas Perhentian y, al final del viaje, Singapur. Pero esa escala de un día en Ámsterdam, con la ciudad de fiesta, acabó siendo un viaje dentro del viaje.

Salir del aeropuerto en una escala larga da un poco de pereza, y luego siempre acaba mereciendo la pena. Ámsterdam se recorre andando, está a un tren de la terminal y en unas horas te deja la sensación de haber estado de verdad en la ciudad, no de haberla visto pasar desde una sala de embarque. Si encima cae el día del Rey, la escala se convierte en la anécdota del viaje.

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