Así fue nuestra Roma en 6 días: un otoño recorriendo la Ciudad Eterna de punta a punta, entre ruinas milenarias, basílicas cubiertas de oro y una fontana distinta en cada esquina. Roma no se visita, se camina, y eso fue exactamente lo que hicimos: kilómetros y kilómetros entre el Coliseo, el Vaticano y alguna que otra ración de pasta por el camino. Acompáñanos en esta aventura por una de las ciudades con más historia del mundo.
Hicimos este viaje a Roma en noviembre de 2011.
Antes de comenzar con nuestro itinerario, hemos creado una serie de respuestas a las típicas preguntas que os estaréis planteando para organizar vuestro viaje a Roma:
¿Necesito visado para viajar a Roma?
No. Italia forma parte de la Unión Europea, así que si viajas con pasaporte o DNI español no necesitas visado ni ningún trámite adicional para entrar al país.
¿Contrato un seguro de viaje?
Nosotros siempre recomendamos viajar fuera de España con un seguro de viaje que incluya una buena cobertura. Hay muchas compañías, podéis elegir la que mejor os parezca pero que tenga amplias coberturas en cuanto a capital de salud y cancelación que incluya los vuelos.
¿Qué moneda se usa en Roma?
El euro, así que si viajas desde España no tienes que preocuparte por cambiar divisa ni por comisiones de cambio.
¿Qué ropa llevo?
Depende mucho de la época del año. Nosotros viajamos a principios de noviembre y nos encontramos días frescos pero soleados, de esos de jersey por la mañana y abrigo en cuanto cae el sol, que en esas fechas es a media tarde. Roma se recorre sobre todo a pie y sobre adoquines, así que las zapatillas cómodas son casi obligatorias en cualquier época del año.
¿Cuántos días necesito para visitar Roma?
Nosotros hicimos Roma en 6 días y tuvimos tiempo de sobra para ver con calma el centro histórico, el Vaticano y varias basílicas, sin agobios y dejando margen para perdernos por sus calles. Si vas más justo de tiempo, en 3-4 días puedes ver lo esencial, pero si te gusta el arte y la historia, cuantos más días mejor.
¿Cómo se mueve uno por Roma?
La mayoría de los lugares imprescindibles del centro histórico están conectados a pie: nosotros hicimos casi todo el viaje caminando, ya que el Panteón, la Fontana di Trevi, Piazza Navona o el Coliseo están más cerca entre sí de lo que parece en el mapa. Para llegar al Vaticano o a alguna basílica más alejada, el metro y el autobús son rápidos y muy económicos.
Curiosidades sobre Italia
- Roma es conocida como la Ciudad Eterna, un apodo que ya usaban los propios romanos hace más de dos mil años.
- Dentro de Roma se encuentra la Ciudad del Vaticano, el estado independiente más pequeño del mundo, con su propio gobierno, bandera y moneda propia (aunque también acepta el euro).
- La bandera de Italia es tricolor: verde, blanco y rojo, inspirada en la bandera francesa tras la ocupación napoleónica de finales del siglo XVIII.
- El café en Italia es casi una institución: pedir “un caffè” significa un espresso corto, y lo habitual es tomarlo de pie en la barra, no sentado en una mesa.
- El Coliseo fue en su día el anfiteatro más grande jamás construido por el Imperio Romano, con capacidad para más de 50.000 espectadores.
Nuestro itinerario de viaje a Roma en 6 días
Día 1: Llegada y primera toma de contacto nocturna con Roma
Llegamos a Roma ya de tarde, así que después de dejar las maletas en el hotel decidimos aprovechar la noche para hacer las primeras fotos de la ciudad. Empezamos por los Mercados de Trajano, el enorme complejo de ladrillo que se levanta junto al Foro de Trajano, iluminado en tonos cálidos y prácticamente vacío a esas horas. Un primer contacto espectacular con la Roma antigua nada más salir del hotel.

Desde allí llegamos a la Piazza Venezia, presidida por el enorme Altare della Patria (o Monumento a Vittorio Emanuele II), completamente iluminado de blanco. Es un edificio tan imponente que impresiona incluso de noche, con el tráfico de la plaza pasando de fondo y las cuadrigas de bronce recortadas contra el cielo.



Seguimos caminando hasta la Fontana di Trevi, que de noche tiene un ambiente completamente distinto: mucha menos gente que durante el día y la piedra tallada brillando con la iluminación. Nos quedamos un buen rato disfrutando de la fuente antes de tirar la moneda de rigor.


Cerramos la noche en el Panteón de Agripa, con su fachada de columnas también iluminada y las terrazas de la plaza todavía llenas. Verlo de noche, después de haber recorrido ya media Roma en unas pocas horas, fue una manera perfecta de terminar nuestro primer contacto con la ciudad.

Consejo viajero: si llegáis por la tarde, no os quedéis en el hotel. Los monumentos del centro histórico de Roma iluminados de noche, con mucha menos gente que de día, merecen muchísimo la pena.
Día 2: Coliseo, Foro Romano y atardecer en la Piazza di Spagna
Nuestro segundo día fue, sin duda, el más intenso de todo el viaje. Empezamos a media mañana en el Coliseo, subiendo a las gradas para recorrer el anillo interior y asomarnos al subsuelo, donde todavía se ven los pasillos y las galerías por las que se movían fieras y gladiadores antes de salir a la arena.

Desde esa misma grada alta se tiene una de las mejores vistas del Arco de Constantino, un arco de triunfo enorme y perfectamente conservado que queda justo al lado del anfiteatro, con la colina del Palatino y sus pinos al fondo.


Al salir dimos la vuelta completa al Coliseo por fuera, que es cuando uno se da cuenta de verdad de la escala del edificio: por muchas fotos que hayas visto antes, tenerlo delante impone bastante más de lo que esperábamos.

Desde ahí nos adentramos en el Foro Romano, paseando entre las columnas del Templo de Saturno, la Curia y los restos de los templos y edificios públicos del imperio. En una de las salas del recinto se exponen bustos y esculturas romanas originales, y se agradece el rato a cubierto entre tanta ruina al aire libre.




El Foro es enorme y se recorre casi sin darte cuenta: el Arco de Septimio Severo, las tres columnas que quedan en pie de los templos, los arcos gigantes de la Basílica de Majencio y, al fondo, la torre del Campidoglio asomando por encima de todo.


Salimos del recinto por la zona del Ludus Magnus, la escuela donde entrenaban los gladiadores antes de combatir en el Coliseo y que hoy es un gran hueco excavado junto a la calle, con el Coliseo otra vez al fondo. Es una de esas estampas tan romanas de encontrarte ruinas de dos mil años en mitad de una acera cualquiera.

Por la tarde cambiamos de ambiente y nos fuimos a la Piazza Navona, con su obelisco y la Fontana dei Quattro Fiumi de Bernini en el centro, rodeada de terrazas, pintores y muchísima gente paseando.

Seguimos subiendo hasta la Piazza di Spagna, con su famosa escalinata llena de gente sentada disfrutando de la tarde y la iglesia de la Trinità dei Monti coronándola. Desde una terraza cercana pudimos ver un atardecer precioso sobre los tejados de Roma, con las cúpulas recortadas contra el sol.



Ya con la luz del final del día, paseamos hasta la Piazza del Popolo, con su obelisco egipcio y las dos iglesias gemelas flanqueando la entrada a la plaza.

Para cenar no podía faltar un buen plato de pasta italiana: unos penne y una carbonara de las de verdad, sin nata y con su guanciale, que en Roma es prácticamente religión.

Y terminamos la noche volviendo al Coliseo, esta vez completamente iluminado en tonos dorados. De noche, con muchísima menos gente que durante el día, tiene un aspecto todavía más imponente que por la mañana.


Consejo viajero: dedicad un día entero a la zona del Coliseo y el Foro Romano, hay muchísimo que ver y las entradas conjuntas suelen incluir ambos monumentos.
Día 3: Circo Máximo, la Boca de la Verdad y el Panteón de día
El tercer día lo empezamos en el Circo Máximo, el antiguo circo romano de carreras de carros del que hoy solo queda la enorme explanada, pero con los arcos de los palacios imperiales del Palatino asomando por encima, que dan una idea perfecta de su escala original.

Muy cerca está la iglesia de Santa Maria in Cosmedin, con su campanario medieval de ladrillo, y en el jardín de enfrente el pequeño Templo de Hércules Víctor, un templo circular rodeado de columnas que es de los edificios de mármol más antiguos que se conservan en pie en Roma. En el pórtico de la iglesia está la Boca de la Verdad, el famoso disco de mármol con forma de rostro donde, según la leyenda, si mientes con la mano dentro te la muerde. Un clásico totalmente obligatorio para la foto.



Lo que no esperábamos es lo que hay dentro de esa misma iglesia: en un altar lateral se guarda un relicario dorado con un cráneo coronado de flores que se venera como el de San Valentín. Una de esas sorpresas que te encuentras sin buscarlas y que terminan siendo de lo más curioso del viaje.

Por la tarde volvimos al Panteón, esta vez de día, para poder admirar con calma su fachada de columnas y, sobre todo, su interior y el famoso óculo en lo alto de la cúpula, por donde entra la única luz natural del edificio. Es impresionante pensar que sigue siendo, casi dos mil años después, una de las cúpulas de hormigón sin armar más grandes del mundo.



Rematamos el día volviendo a la Fontana di Trevi, esta vez con luz de día para ver el contraste con la primera noche: el mármol blanquísimo, el agua de un verde azulado y la plaza a rebosar de gente haciéndose fotos.

Consejo viajero: si un sitio os gusta, volved a verlo de día y de noche. La Fontana di Trevi y el Panteón cambian por completo según la hora, y las dos versiones merecen la pena.
Día 4: Basílicas, el Moisés de Miguel Ángel y el Campidoglio
Dedicamos este día a recorrer algunas de las iglesias más impresionantes de la ciudad. Empezamos a primera hora en la Basílica de Santa Maria Maggiore, una de las cuatro basílicas mayores de Roma, con un artesonado dorado en el techo de la nave central que impresiona nada más entrar y los mosaicos del arco triunfal sobre el altar.


Antes de salir echamos un vistazo a su pórtico lateral y a la fachada trasera, con la escalinata bajando hacia la plaza y la cúpula asomando por encima de los tejados del barrio.

A un paseo corto de allí está San Pietro in Vincoli, una iglesia que por fuera no llama nada la atención y que dentro esconde el Moisés de Miguel Ángel, esculpido para la tumba del papa Julio II. Tenerlo delante, a un par de metros y casi sin gente alrededor, fue uno de los momentos más impresionantes del viaje.


En esa misma iglesia, bajo el altar mayor, se conservan en un relicario las cadenas con las que, según la tradición, estuvo preso San Pedro y que dan nombre al templo.

Seguimos hasta la plaza de San Giovanni in Laterano, la catedral de Roma, donde se levanta el obelisco egipcio más alto del mundo: más de treinta metros de granito traídos desde Tebas y rematados con una cruz.

Ya de vuelta hacia el centro nos metimos en la Iglesia de Sant’Ignazio di Loyola, con su bóveda pintada al fresco en perspectiva: desde el punto correcto del suelo parece que el techo se abre hacia el cielo y que la cúpula es real, cuando en realidad está pintada sobre una superficie plana.

Terminamos la tarde subiendo al Campidoglio, primero asomándonos al mirador que hay sobre el Foro Romano, con las ruinas ya en penumbra y el cielo encapotado del final de la tarde detrás, y después a la plaza diseñada por Miguel Ángel.

Arriba, en la Piazza del Campidoglio, está la estatua ecuestre de Marco Aurelio presidiendo la plaza, con la cordonata y los Dioscuros custodiando la subida y la torre del Palazzo Senatorio al fondo.


Consejo viajero: en Roma vale la pena entrar en las iglesias sin un plan fijo; muchas de las que parecen más discretas por fuera esconden interiores espectaculares, y casi todas son de entrada libre.
Día 5: Museos Vaticanos, Capilla Sixtina y Basílica de San Pedro
El quinto día lo dedicamos por completo al Vaticano. Empezamos por los Museos Vaticanos, con sus interminables galerías de tapices, mapas antiguos y esculturas clásicas, hasta llegar a la Capilla Sixtina, con el techo pintado por Miguel Ángel.

Al fondo de la capilla está El Juicio Final, que ocupa el muro entero del altar. Verlo en persona, rodeado de gente en silencio mirando hacia arriba, es una de esas experiencias que merece la pena vivir al menos una vez.

Desde los museos se accede a la Basílica de San Pedro, donde pudimos admirar de cerca La Piedad de Miguel Ángel y la estatua de bronce de San Pedro, con el pie desgastado por los siglos de peregrinos tocándolo.
Terminamos el día en la Plaza de San Pedro, con su obelisco egipcio en el centro, ya con las farolas encendidas, la fachada de la basílica iluminada y ese azul intenso de la hora azul sobre la cúpula.

Cenamos de vuelta en un restaurante pequeño del centro, de los de mantel de cuadros y fotos por las paredes, donde caímos en dos postres bien regados de chocolate, y aprovechamos el paseo de vuelta al hotel para asomarnos otra vez al Foro Romano, con las columnas del Templo de Cástor y Pólux iluminadas en mitad de la noche.




Consejo viajero: reservad entrada con antelación para los Museos Vaticanos, las colas en la puerta pueden ser de varias horas si vais sin cita previa.
Día 6: Última mañana en Roma
Nuestro último día lo dedicamos a un paseo tranquilo por el centro antes de coger el vuelo de vuelta y, casi sin pensarlo, acabamos otra vez en la Fontana di Trevi. A primera hora de la mañana estaba mucho más tranquila que los días anteriores, así que fue la despedida perfecta: una última foto delante de la fuente y la moneda echada para asegurarnos la vuelta.

Consejo viajero: dejad la última mañana sin plan. Roma a primera hora, con las calles todavía medio vacías, es de los mejores momentos del día para pasear.
Mapa de nuestra ruta
Aquí tenéis las paradas del viaje sobre el mapa, con un color para cada día. Son los sitios que os contamos en el post. Pulsad en el mapa para abrirlo y tocad cualquier punto para ver qué hicimos allí.
Ver el mapa interactivoAl pulsar se carga el mapa de Google Maps.
Conclusión
Roma en 6 días nos conquistó por la cantidad de historia que se puede sentir en cada esquina: pasamos de las ruinas del Imperio Romano a las basílicas barrocas y a la Capilla Sixtina, sin dejar de comer pasta prácticamente a diario. Es una ciudad que se disfruta tanto de día como de noche, y en la que siempre queda algo por descubrir, por muchas veces que vuelvas. Si después de esta Roma en 6 días os queda cuerpo para más Europa, seguimos la ruta por Londres, Bath y Bristol.
¿Te ha gustado este viaje? En nuestro canal de YouTube y en Instagram compartimos el día a día, ¡no te lo pierdas!
¡Muchas gracias por leernos!



