Este es nuestro viaje a Bali y las islas Gili, un emocionante recorrido por las maravillosas islas de Indonesia. Desde el instante en que aterrizamos en el aeropuerto de Denpasar, sabíamos que estábamos a punto de embarcarnos en una experiencia única, llena de curiosidades y emocionantes aventuras.
Vídeo de nuestro viaje a Bali y las islas Gili
Llegando a Bali y descubriendo Ubud
Una vez llegamos a Bali, nuestra primera misión era conseguir una tarjeta SIM para mantenernos conectados durante todo el viaje, y cambiar unos 30€ a la moneda local (Rupias) para los primeros gastos. Más tarde cambiaríamos más dinero en lugares confiables sin comisiones adicionales. ¡Es muy recomendable contar los billetes con cautela para evitar confusiones!
Nuestra primera parada fue el encantador Pajar House Hotel, un verdadero oasis en medio de la naturaleza. Una villa a precio muy económico rodeada de arrozales, con una habitación enorme y un curioso baño al aire libre rodeado de plantas.


Desayunar frente a los arrozales y relajarnos por la tarde en su piscina infinita, que parece fundirse con el paisaje, fue todo un lujo.



Nuestro primer día completo lo dedicamos a explorar Ubud, que nos recibió con sus calles llenas de vida y cultura. Visitamos Monkey Forest, que como su nombre indica es un bosque repleto de simpáticos monos, salpicado de templos y estatuas cubiertas de musgo.



Los monos campan a sus anchas y no tienen ningún reparo en subirse encima de los visitantes, ¡así que mejor no llevar comida a la vista! El recorrido pasa también por una escalinata custodiada por dragones de piedra que parece sacada de una película.


En Bali la naturaleza aparece en cualquier rincón, y ese mismo día nos topamos en un muro con esta araña de patas larguísimas. Impresiona verla tan de cerca, ¡pero allí forman parte del paisaje!

Para comer nos animamos con el babi guling, el famoso cerdo asado balinés, que se sirve con arroz, verduras especiadas, salchicha, su piel crujiente y un caldo. ¡Un imprescindible de la gastronomía local!

Nos aventuramos por los callejones y encontramos el majestuoso Palacio Real. Nos sumergimos en la rica historia y tradiciones balinesas, empapándonos del ambiente único.
El Saraswati Temple es un lugar tranquilo y hermoso escondido dentro de un Starbucks. Nos brindó un respiro de la actividad urbana donde tomamos una bebida fresca y descansamos del calor.
Excursiones: Explorando la cultura balinesa
Durante nuestra estancia en Ubud contratamos dos excursiones con un guía que hablaba un español casi perfecto. Nos sirvió para entender mejor su cultura y el significado de todo lo que visitamos.
En la primera excursión nos adentramos en el interior de Bali para explorar algunos de sus sitios más icónicos. Comenzamos el día en la cascada de Nungnung, donde nos refrescamos y nos dejamos envolver por la naturaleza. La potencia con la que cae el agua nos dejó sin palabras. ¡Realmente valieron la pena esos 500 escalones para llegar hasta ese mágico rincón!


Después subimos a las montañas para contemplar los Lagos Gemelos, Buyan y Tamblingan, que nos sorprendieron con su belleza natural. No pudimos resistir la tentación de probar los famosos columpios, que nos permitieron admirar la vista desde una perspectiva única.

Muy cerca, a orillas del lago Beratan, visitamos el templo de Pura Ulun Danu Beratan, un lugar de gran importancia espiritual cuyas pagodas parecen flotar sobre el agua. Su majestuosidad nos dejó sin aliento, rodeados de tranquilidad y serenidad.

Sus jardines, llenos de flores de colores, enmarcan el templo desde cualquier ángulo.


De camino hicimos una parada para probar cafés y tés de la zona en un mirador con vistas a los arrozales.

Y en los arrozales de Jatiluwih, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, comprendimos la importancia de la agricultura en la isla mientras caminábamos por campos de verdor infinito.


Terminamos el día en uno de los lugares más icónicos de Bali: el Templo de Tanah Lot, construido sobre una pequeña roca solitaria rodeada por el mar. Junto a él se encuentra Batu Bolong, otro templo levantado sobre un arco de roca. La silueta de los templos sobre las aguas mientras atardecía fue un espectáculo que nunca olvidaremos.


Al día siguiente, motivados por todo lo que habíamos visto, decidimos emprender una caminata por los famosos arrozales de Campuhan, una experiencia que nos conectó con la naturaleza y autenticidad de Bali. Comenzamos en el Hotel Warwick Ibah y seguimos el sendero, que recorre lo alto de una colina entre palmeras y hierba alta.


El camino nos llevó hasta Karsa Cafe, con un precioso estanque de lotos, donde tomamos un exquisito lassi de mango y un coco fresco. ¡El sonido del río y la belleza de los arrozales nos dejaron maravillados!


A la vuelta paramos en una tienda a comprar los billetes para nuestro siguiente destino.
Esa misma noche no podíamos perdernos la oportunidad de asistir a la danza balinesa en el Palacio Real —una Kecak, la famosa “danza del fuego” bailada por decenas de hombres sentados en círculo alrededor de las llamas, muy curiosa por el cántico que hacen todos al unísono—, sumergiéndonos por completo en la cultura local. ¡Nos encantó!


En la segunda excursión comenzamos el día en Pura Goa Gajah, la “cueva del elefante”, donde exploramos la misteriosa cueva tallada en la roca y sus antiguos estanques sagrados.


Seguimos hasta la cascada de Tibumana, más pequeña que la de Nungnung pero igual de bonita, escondida en plena selva al final de un corto sendero.


Luego nos maravillamos con la arquitectura y la espiritualidad de Kehen, otro templo significativo. Subimos su gran escalinata, flanqueada por estatuas, donde nos hicimos unas bonitas fotos.

Muy cerca visitamos Penglipuran, un pueblo tradicional balinés famoso por el cuidado de sus casas y su calle principal, considerado uno de los pueblos más limpios del mundo. Junto a él se encuentra el bosque de bambú, que fue un verdadero regalo para nuestros sentidos mientras nos aventurábamos entre sus altos y majestuosos tallos. La atmósfera mística y serena nos transportó a otro mundo.


Por la tarde, la experiencia en Tirta Empul fue conmovedora, ya que participamos en el ritual de purificación en las sagradas aguas del templo, pasando bajo cada uno de sus caños. Nos proporcionaron la ropa adecuada para el mismo.



La última parada fueron los arrozales de Tegalalang, que nos dejaron sin palabras con su belleza escénica: terrazas de arroz escalonadas entre palmeras, en uno de los paisajes más fotografiados de Bali.


Islas Gili – Un paraíso en el océano
El día que dejamos Ubud madrugamos mucho. Mientras desayunábamos algo rápido sentados en un escalón, un perrito se sentó a nuestro lado muy formal, esperando a ver si caía algo.

Nos dirigimos a las islas Gili, en Lombok. Nuestro cuartel general fue el cómodo Hotel Kaluku, ubicado en la isla Gili Air, un lugar perfecto para relajarnos en sus hamacas antes de explorar las maravillas de la isla.


En la playa frente al hotel hicimos snorkel casi a diario y vimos varias tortugas. Un día alquilamos un kayak y nos alejamos hasta donde ya no se veía el fondo. ¡Nos causó mucho respeto pensar en los grandes animales que podrían estar bajo nuestra pequeña embarcación!

La comida en la isla nos encantó: desayunos frente al mar, nasi goreng (arroz frito con huevo) y pescado fresco a la brasa por las noches.


Y en la habitación teníamos un compañero más: un gecko que se paseaba tranquilamente junto a la cortina. En el sudeste asiático son muy habituales y totalmente inofensivos; de hecho, se agradece su compañía porque se comen los mosquitos.

La isla se recorre a pie en una hora, por lo que no es necesario ningún vehículo. Vimos unos preciosos atardeceres desde la zona del Moweis bar, donde también nos subimos a los columpios sobre el mar tan típicos de los chiringuitos de la isla. Y de postre, cada noche, un rico crepe con Nutella en Scooperific.



Fueron unos días inolvidables, ¡volveríamos a elegir esta isla sin ninguna duda!


Uno de los días fuimos en un barco colectivo hasta Gili Meno. Aquí descubrimos el santuario de tortugas en la zona Este/Sur. Exploramos toda la isla: al norte hay una preciosa y solitaria playa con un enorme y hermoso lago en el interior. Es la isla más pequeña de las tres y con menos turismo, de aguas turquesas y con un rico fondo marino.


Para acabar comimos en un chiringuito a pie de playa, relajados mientras caía un corto pero intenso chaparrón.

Practicando surf en Seminyak
Dejamos atrás las islas Gili en barco rápido para volver a Bali, concretamente a Seminyak (Kuta).

Nos alojamos en el moderno Hotel Tijili, donde al llegar nos llevamos una bonita sorpresa: habían decorado la cama con pétalos de rosa formando un mensaje de feliz aniversario.

A 10 minutos del hotel se encuentran las enormes playas de Seminyak, llenas de surfistas. En estas playas hay muchas personas locales que ofrecen sus servicios, con el equipo necesario, para enseñar a principiantes a surfear. Nosotros practicamos surf un par de horas, ¡y fue una experiencia muy divertida!


Por la misma zona fuimos a probar unas deliciosas hamburguesas en Wacko Burger Cafe. Más tarde disfrutamos de los impresionantes atardeceres y cócteles de La Plancha, un chiringuito frente al mar que se caracteriza por sus coloridas sombrillas, que de noche se iluminan.


Como estábamos agotados tuvimos que dejar la excursión a Uluwatu y la visita a la Baby Turtle Society para la próxima visita a Bali, así que aprovechamos para explorar el Geneva Handicraft Center, donde encontramos regalos auténticos y únicos para llevar a casa.
Conclusión
Nuestro viaje a Bali junto con las Islas Gili se convirtió en una experiencia inolvidable. Estos destinos nos ofrecieron una combinación perfecta de cultura, naturaleza y playas espectaculares, y despertaron en nosotros un profundo interés por regresar y explorar más islas de Indonesia.
Nos despedimos de Indonesia desde la ventanilla del avión, con el cielo teñido de naranja.

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